Ya lo advertí el otro día tras el peanut butter jelly: hoy no se hacen prisioneros.
Marshmallow fluff, peanut butter: fluffernutter.



En 1998 andaba yo maravillado con el holandés: cacahuete se dice pinda y (una de mis palabras favoritas) mantequilla de cacahuete se dice pindakaas, literalmente «queso de mantequilla». Pero entonces todo cambió, conocí a Rick, un chico de Connecticut descendiente de los indios americanos. Rick era alto, tenía una larga melena castaña y, lo más importante, me enseñó a preparar un fluffernutter.
El marshmallow fluff es una crema untable que tiene la textura y el sabor del marshmallow, el chuche que se suele llamar nube (en Bilbao se llama jamón). Está lleno de aire (un bote pesa 213 g, y por tamaño tendría que pesar sobre el medio kilo). El fluff es terríblemente pegajoso, dulce y guarro; perfecto para un sandwich con mantequilla de cacahuete. Se unta una rebanada con mantequilla de cacahuete, la otra con marshmallow fluff, y listo. Creo que nunca he sido capaz de comerme un solo fluffernutter, siempre repito. Aquí el vídeo del anuncio, prueba del delito.









Gachas de avena con chorizo
Y mucho ajo, sal, aceite de oliva virgen.
No tenían nada más, ni azafrán ni pimentón, pero la grasa del chorizo las dejó muy bonitas (todo lo bonita que puede quedar una masa pegajosa de avena).
Ayer tenía 15 grados en casa; manta en la tripita, gachas calientes.