Un viejo proyecto que las penurias de mi calentador (13º hoy en la habitación) me han animado finalmente a llevar a cabo: cómo montar una cámara de fermentación en casa.
Desde hace tiempo uso la luz del horno (con el horno apagado) como elemento calentador. En poco tiempo sube la temperatura y pasa de 30º al de una o dos horas. La pega es que la temperatura no tiene control y, además, la bombilla emite el calor desde un solo punto y llega a producir un calor demasiado intenso (además de secar las masas).
Así que el otro día me encaminé a una tienda de reptiles para solucionar el asunto.

Muy sencillo, los terrarios para reptiles utilizan unos cables calefactados que emiten un calor suave y uniforme (que, curiosamente, está en el tipo de temperaturas que se usan para fermentar pan). Además, el cable está aislado contra la humedad (la primera idea es simplemente conectar una bombilla a un termostato) y se puede colocar en el sitio deseado; mide varios metros y se puede enrollar, por ejemplo, cerca de un punto frío (la puerta del armario) o dar vueltas envolviendo al contenedor de la masa. El conjunto lo completa un termostado con una sonda que pones en el punto de medida de la temperatura (un punto intermedio en la cámara o la misma masa); el termostato se enciende y se apaga automáticamente para mantener la temperatura deseada. Esto es importante en las largas fermentaciones que se dan cuando te pones a inseminar/sembrar con enjundia. No es plan levantarse cada 2 horas por la noche para ver si tu masa sigue a 26º. Ahora estoy usando el horno como «armario», y el cable lo estoy probando alrededor del bol o en el suelo del horno. Lo bueno del conjunto es que lo puedes usar en cualquier cajón o armario. Tocar el cable calefactado es muy gozoso, está tibio y suave.


Para celebrarlo, una tostadita de pan de dos madres y tres fermentaciones (a lo loco).

Esta tarde viene el de la caldera.









Rasmalai
Solo, tras los cursos del fin de semana. En silencio.
Sobraron tres rasmalais de la comida del curso del domingo; fueron cayendo uno tras otro, lentamente: uno, dos y tres. Creo que fue la primera cosa que me supo a algo tras varios días resfriado, así que fue como un pequeño renacer sensitivo. Morder la pelotita y notar como se escurre entre los labios la crema de leche, cardamomo y azafrán.