Brezels (¡La sosa cáustica que se come!)

Un poquito de Alemania.

Bretzels en Barcelona

Hay muchas maneras de hacer pan. De hecho, a veces parece que el único límite es nuestra imaginación. Hay panes que se fríen, otros se hornean y otros se bañan en sustancias tóxicas, como los brezel, estos panecillos del sur de Alemania, que suelen tener una forma de 8 muy característica (y que todavía no domino, ¡je!).

He tomado batantes brezel (los estadounidenses les dicen pretzels, ellos) en mis viajes a a Bavaria y Baden-Wurtenberg, pero, la verdad, nunca me había preguntado cómo los hacían, cómo obtenían ese saborcito salado tan característico, ese tono marrón y ese brillo. Muy sencillo: con sosa caústica. Estos panecillos se bañan (de manera parecida a los bagels) en una solución caústica que tiene muchas implicaciones posteriores durante el horneado: se gelatiniza la superficie, se sella, acelera el proceso de tueste, da sabor, etc.

El brezel tiene una historia casi milenaria, y parece que tiene (como muchos otros panes) un origen religioso, ya que sus brazos se referirían a los brazos de una persona orando. También hay muchas leyendas sobre su creación, incluyendo la que cuenta como un panadero de la corte confundió, allá por 1839, un baño limpiador caústico con la glasa azucarada que usaba habitualmente para bañar sus panecillos.

Esta ha sido una primera aproximación a los brezel, he aprendido muchas cosas para la siguiente vez: tienen que ser muy finos (para que no crezcan y se conviertan en bollos); hay que bañarlos en una solución de sosa fría y más tiempo(para que no comience el horneado… ¡antes del horno!); aunque se hagan en apenas 10-12 minutos, hay que hacerlos un poquito más (para que tengan una corteza más sólida); etc.

Bretzel con queso y pepinillo

En fin, que me he tomado un par tal cual, tibios, impresionantes, luego otro par tan sólo con mantequilla, y este último con queso y pepinillos (este tenía semillas de amapola, Mohn, qué bueno). Como no tenía una Augustiner a mano, me he bebido una San Miguel, que no está nada mal.

Ah, y otro día haré los brezel más grandes, como esos que tomas en un biergarten con buena compañía y unos Maß de rica cerveza.

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Pimientos y Roger van der Weyden

A veces suceden cosas que te dejan pensativo. Y, a veces, suceden en la cocina.

Pimientos esperando para entrar en el Balay

La gastronomía y el arte son de las cosas que más me gustan, y en las dos disciplinas mi gusto es amplio. Disfruto con la elegancia y materialidad de Donald Judd y con la manera en que las piezas de Carl André entran en mi mundo y en el tuyo. No obstante, hay veces que no puedo evitar asombrarme ante la elegancia y la materialidad de El Descendimineto de Roger van der Weyden y con la forma en que entra en mi mundo y en el tuyo; a pesar de que a unos y otro los separen más de medio milenio. ¿Acaso no pensaría el bueno de Roger en esa materialidad y elegancia?

De una manera similar, observo con curiosiad a la vanguardia de la cocina, esa que desde siempre nos ha dado técnicas y conceptos que, con el tiempo, se dan por sentados, como el reboce o el baño maría. A veces no puedo evitar sonreír al ver como, al asar unos sencillos pimientos, se forma en la bandeja del horno, espontáneamente, un fino caramelo de textura sedosa y sabor indecible. Caramelo de pimiento morrón.

Caramelo de pimiento morrón

Sin duda, algo así llenaría la boca de los cocineros de vanguardia (que piensan en minúscula arial 10) con palabras como deconstrucción, postmodernidad, etc.

Curiosamente, cosas como los Zeeuwse bolussen me hacen pensar también en esto, ya que serían poco menos que «el correlato deconstruido» de las espirales y caracolas de la bollería más clásica. Si no fuera porque tienen siglos de historia.

Pimientos asados, minimalismo y postmodernidad

Pensaba en todas estas cosas mientra lamía de la punta de mi dedo el caramelo de estos pimientitos deconstruidos por mi Balay.

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Marmite & pickle chicken melt on rye

Recuerdo que una vez trabajé en uno de esos «deli» donde se hacen, a petición del cliente, todo tipo de sándwiches americanos, curiosamente en Hamburgo. Llevaba una gorra de los New York Yankees y una camiseta que decía «I LOVE NY».

Marmite & pickle chicken melt on rye

Recuerdo como aprendí con asombro aquellos nombres de sándwiches de increíble sonoridad: tuna melt, philly cheese, BLT, etc. La mera mención de aquellos platillos, el nombre en sí, era parte del placer que proporcionaban. De alguna manera, su nombre estaba incorporado a la experiencia gustativa. Imagino que se debe a la misma razón por la que pincho-de-tortilla-y-caña produce un efecto involuntario en muchos de nosotros. Son grupos de palabras totémicos sobre los que se construyen mitos gastronómicos. En mi caso, café-con-leche-y-bollo-de-mantequilla es un claro ejemplo. La sonoridad de estas palabras esculpe en el aire parte del encanto del plato.

Cuando trabajaba en aquel lugar, ofrecíamos los sándwiches hechos con pan normal o bien «on rye«, o sea con pan de centeno tipo Mischbrot. Por último, siempre había que preguntar a los clientes si querían ensalada de patatas o de col con el sandwich, «ein bisschen Krautsalat dazu?».

Aprovechando que el otro día hice un pan de este tipo, he preparado en casa un chicken melt bastante especial. Tiene Marmite, pickle y queso fundiéndose por encima del pollo.

Y, para vosotros, ¿qué palabras o grupos de palabras forman esos iconos gastronómicos? A mí, además de las anteriores, me fascinan: tortilla-de-patatas, gilda, pil-pil, chocolate-con-churros…

Publicada en Guarradas, Pan, Tíoteorías | 25 Comentarios

Zeeuwse bolussen (Espirales holandesas de canela)

Desde que Laurien me contó que en Zeeland, su región de Holanda, las mujeres llevan espejo retrovisor en su traje folclórico, y comen Zeeuwse bolussen, he querido hacer este dulce.

Se trata de unas espirales de masa enriquecida (con leche y mantequilla) totalmente cubiertas por canela y azúcar caramelizado.

Zeeuwse bolussen, bollos de canela holandeses

Lo curioso de estos bollos con forma de espiral es la manera (e ingredientes) de elaborarlos: en lugar de hacer una plancha de masa y enrollarla como si fuera un brazo de gitano, para finalmente cortarla en rodajas, como en los Chelsea Buns, estos antiquísimos bollos se hacen estirando pequeñas bolitas de masa sobre la mezcla de azúcar y canela, como si la masa fuera un rodillo. Finalmente, se coge la larga tira de masa y se le da la forma. O sea, se forman una a una. Al frotar la masa con la mezcla de azúcar y canela se te quedan las manos marrones y con un olor maravilloso.

Zeeuwse bolussen, bollos de canela holandeses
Zeeuwse bolussen, bollos de canela holandeses

Para elaborarlas se usa un azúcar tipo cassonade, que tiene algo de azúcar invertido y así (cosas de la química, aquí se aclara cómo y por qué) tiende a quedarse húmeda y brillante, con lo cual el azúcar se funde mientras la masa fermenta y luego se carameliza, impregnando las estrías de la masa, al hornearse. Creo que hacía tiempo que algo dulce no me quedaba tan rico. Comí alguno todavía templado y era la locura (con toda la mantequilla que tiene la masa). Los holandeses, que son muy suyos, los sirven untados con más mantequilla.

Este es uno más de esos dulces de otros tiempos, con un sabor y una textura capaz de transportarnos a un momento anterior a la ubicuidad del chocolate; cuando las especias eran la gran sofisticación, y su aroma y color eran capaces de asombrar y seducir. Otro más de la familia de los dulces especiados que tanto les gustan a los holandeses.

Curiosamente, este bollo tiene su origen en los pasteleros sefardíes portugueses que ya los horneaban en el s.XVII allá en los Países Bajos. De hecho, a nosotros el nombre nos resulta mucho más próximo, a través de bolo o bollo, que a un holandés. Es más, para ellos el sustantivo bolus, en su acepción más vulgar, es sinónimo de aquello de lo que tiene forma este bollo.

La receta aquí (NL) y aquí (ENG). Voy a tener que hacer una categoría nueva para estas cosas holandesas tan ricas que estoy poniendo últimamente.

PS: He aquí los auténticos Zeeuwse bolussen, traídos directamente de Middelburg.

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Fin de semana de pan

Por fin llegó el momento de meterme en harina y liberar las ganas de panificar que llevo reprimiendo desde hace un par de meses. Así que este fin de semana ha sido movidito para el nuevo horno.

Para empezar, un surtido de cuatro panes caseros que alegraron la mesa del domingo. Cada uno tiene su personalidad y nos dio un gran momento. Disfrutar de una cesta de pan casero así, para mí, no tiene precio.

Surtido de panes caseros

El de la izquierda es un pan de inspiración alemana, tipo Mischbrot, esos panes recios de masa madre (sauerteig, «masa agria» le dicen ellos), centeno y trigo, a los cuales les puedes untar mantequilla fría de la nevera sin que se inmuten. Es el pan perfecto para un queso tipo Gouda, unos pepinillos agridulces y una cerveza.

Mischbrot
Mischbrot de centeno y trigo

El del medio de la bandeja es mi pan preferido, el que repito cada semana, el pan básico de nuestra casa. Un pan de trigo hecho con harina, agua, sal, muchas horas y mucho amor. Las horas de fermentación le dan sus grandes agujeros, su corteza y esa miga que se mastica y va soltando su profundo sabor. En la enciclopedia de mi cabeza, en la letra P, pone en algún sitio que a esto es a lo que sabe el pan.

Primer pan para el hornito nuevo

El pan de molde de la derecha de la primera foto es un pan que he visto mucho en la blogosfera ultimamente. La primera vez fue en el delicioso blog de La olla suiza, y luego en el de Noema (yo también sentí amor a primera vista por este pan, como ella). Es el pan de leche de Hokkaido, en mi caso con leche Kaiku de nuestrrros pastos.

Pan de leche de Hokkaido
Pan de leche de Hokkaido

Es un pan de molde fantástico, con toda la leche que tiene, riquísimo tanto con dulce como con salado. ¡Ah! y yo también le hice la movidita de la nocilla en una de las cuatro porciones de masa, ¡qué guarrada más rica!

Pan de leche de Hokkaido con nocilla dentro

Del pan negro del surtido no tengo foto, era un pan hecho con una increíble harina biodinámica de centeno que me trajeron de Alemania (otro día hablaré de ella). Quedó uno de esos panes como de regaliz, intensos, deliciosos con queso tipo Philadelphia y algo saladito (en nuestro caso cayeron unas sardinas de tabal).

Pero, de propina, tengo una foto de otros dos panes que no llegaron a tiempo para la comida porque los horneé el domingo por la tarde. Dos hogacitas integrales de masa madre y centeno; una con pasas, la otra sin ellas.

Pancitos de centeno y masa madre

Ha sido un buen fin de semana en la cocina. Reencontrarse con los sabores de siempre y con nuevos panes que sé que repetiré. No obstante, el descubrimiento panificativo del fin de semana lo pondré mañana, ya que se merece un lugar especial.

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Si no puedes hornearlo, usa la chimenea

El otro día, aún sin horno, freí unos trozos de masa. Entonces recordé que hace un par de años, en nochevieja, estaba en una casa sin horno (pero con chimenea) e improvisé un pan a la manera más tradicional: pan hecho en brasas.

Pan cocido en la chimenea

Aquellas navidades había bajado en coche desde Londres, y me había traído el bote de masa madre para enseñar a mi madre (¡qué curioso!) a hacer pan. Ya de vuelta, en los Pirineos, al rico calor del hogar, recordé como Elizabeth David (en su magnánimo «The English Bread») cuenta que, hasta bien entrado el s.XIX, en partes de Gran Bretaña (en Gales y Devon) se podía aún encontrar este sistema que viene directamente de la edad de bronce. Se cree que antiguamente los panaderos empezaron a cocer las tortas de pan bajo brasas y cenizas hasta que estaba bien hecho. Después se empezó a poner el pan bajo un recipiente invertido (como en la foto), de esta manera la falta del peso de las brasas permitía una ligera subida del pan, mucho antes del descubrimiento del pan con levadura.

Así que, aprovechando una buena cazuela de barro que había en casa, puse en práctica este método milenario.

Pan cocido en la chimenea

Se hacen unas buenas brasas y, una vez que la solera de ladrillos está bien caliente, se apartan las brasas y se pone la cazuela de barro para que vaya absorbiendo calor. Después, se levanta rápidamente la cazuela para no perder el calor, se desliza la hogaza debajo y se rodea de nuevo con las brasas. Lo bueno de este sistema es que la cazuela forma un horno muy hermético, y la propia humedad de la hogaza al cocerse crea una corteza fantástica.

Pan cocido en la chimenea

La verdad es que los panes salieron deliciosos, algo manchados de ceniza por debajo. Pero lo que fue inigualable fue el sentido de comunión con los panaderos que me habían precedido hace milenios. Su sorpresa al sacar de la cazuela las hogazas humeantes y deliciosas fue mi sorpresa; su asombro ante su textura y sabor fue mi asombro. Algo único.

Como estamos en invierno, e imagino que muchos de vosotros iréis a la nieve o a casas con chimenea, os pongo este maravilloso recuerdo y os animo a que probéis este sistema telúrico y primigenio.

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Mini Super Sandwich

Mini Super oxímoron.

Super Mini Sandwich y mini cono

Y mini super cono.

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