English breakfast

A la hora de la comida en Barcelona.

FullEnglishBarcelona

Recuerdo perfectamente la noche en que dejamos Inglaterra, con las furgonetas cargadas hasta arriba, en el ferry de noche camino de Dunkerque. Pasada la medianoche el barco dejó atrás los acantilados de Dover; al cabo de pocos minutos abrió sus puertas el restaurante. Entonces docenas de personas acudieron en silencio desde todos los rincones del barco, como siguiendo un rito atávico. Bajaban por escaleras y ascensores hasta llegar al bar donde en una bandeja les servían su English Breakfast, de madrugada, cruzando el Canal. Después podías salir a cubierta con la tripa llena, bajo la luz de una noche de julio.

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Longaniza de Vic y caldo de garbanzos con centeno

El otro día Gemma trajo una longaniza de Vic, cosa fina.

LonganizaVic1LonganizaVic2

Esta noche, a la hora de la cena, le he dado su merecido. La longaniza de Vic no es como la aragonesa a la que estoy acostumbrado, sino más como un salchichoncito seco: deliciosa. También me esperaba el caldo de unos garbanzos que cocí hace un par de días. Manjar exquisito. Para mí los garbanzos son la aristocracia de las legumbres, y su caldo es la expresión suma de su refinamiento y delicadeza.

CaldoGarbanzosCenteno

Simplemente he calentado el caldo y he echado unas sopas de pan de centeno. Lo hice al estilo alemán, con un fermento reptiliano de tres fermentaciones (Dreistufensauerteigführung, toma ya); 70% de centeno, 30% de trigo, sal; tal como se ha hecho en Alemania desde hace siglos. Es salado, dulce, ácido, agrio y terríblemente aromático.

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Rasmalai

Solo, tras los cursos del fin de semana. En silencio.

RasmalaiSolo

Sobraron tres rasmalais de la comida del curso del domingo; fueron cayendo uno tras otro, lentamente: uno, dos y tres. Creo que fue la primera cosa que me supo a algo tras varios días resfriado, así que fue como un pequeño renacer sensitivo. Morder la pelotita y notar como se escurre entre los labios la crema de leche, cardamomo y azafrán.

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Reptiles y pan (cámara fermentadora casera)

Un viejo proyecto que las penurias de mi calentador (13º hoy en la habitación) me han animado finalmente a llevar a cabo: cómo montar una cámara de fermentación en casa.

Desde hace tiempo uso la luz del horno (con el horno apagado) como elemento calentador. En poco tiempo sube la temperatura y pasa de 30º al de una o dos horas. La pega es que la temperatura no tiene control y, además, la bombilla emite el calor desde un solo punto y llega a producir un calor demasiado intenso (además de secar las masas).

Así que el otro día me encaminé a una tienda de reptiles para solucionar el asunto.

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Muy sencillo, los terrarios para reptiles utilizan unos cables calefactados que emiten un calor suave y uniforme (que, curiosamente, está en el tipo de temperaturas que se usan para fermentar pan). Además, el cable está aislado contra la humedad (la primera idea es simplemente conectar una bombilla a un termostato) y se puede colocar en el sitio deseado; mide varios metros y se puede enrollar, por ejemplo, cerca de un punto frío (la puerta del armario) o dar vueltas envolviendo al contenedor de la masa. El conjunto lo completa un termostado con una sonda que pones en el punto de medida de la temperatura (un punto intermedio en la cámara o la misma masa); el termostato se enciende y se apaga automáticamente para mantener la temperatura deseada. Esto es importante en las largas fermentaciones que se dan cuando te pones a inseminar/sembrar con enjundia. No es plan levantarse cada 2 horas por la noche para ver si tu masa sigue a 26º. Ahora estoy usando el horno como «armario», y el cable lo estoy probando alrededor del bol o en el suelo del horno. Lo bueno del conjunto es que lo puedes usar en cualquier cajón o armario. Tocar el cable calefactado es muy gozoso, está tibio y suave.

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Para celebrarlo, una tostadita de pan de dos madres y tres fermentaciones (a lo loco).

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Esta tarde viene el de la caldera.

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Pimientos, queso de Mucientes e Israel Galván

Me llama Nacho anteayer, poco antes de llegar a Barcelona. Además de una caldera rota y frío, no tengo más que unos pimientos y berenjenas asadas y unos huevos.

De repente me acuerdo del queso de Mucientes que me han mandado desde Valladolid; semicurado de leche cruda de oveja. Saco unos trozos de pan de hace 11 ó 12 días y, cuando los pimientos y el ajo empiezan a chisporrotear, les casco un par de huevos encima.

PimientosHuevo

Nacho trae un botecito de mermelada hecha con moras que cogió en los Pirineos, en el Valle de Tena. Ha hecho esta mermelada en honor al gran Israel Galván.

MermeladaGalvan

Todas estas cosas maravillosas sucediendo al mismo tiempo en mi cocina. Pasamos media tarde escuchando flamenco y hablando de El Tutero, cantaor camaronero de Huesca.

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Harira y tajine

En el Berebar, después de tanto tiempo.

Berebar1Berebar2

La harira me la tomé yo; el tajine, mi hermano.

Hace años solíamos ir a tomar té y pastas al Berebar; subir la calle Bailén o bien recorrer los últimos metros de la calle San Francisco por su estrecha acera. Es curioso que, con lo que está cambiando Bilbao, 10 años después en el Berebar la misma gente siga sirviendo la misma comida sencilla y deliciosa.

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Gachas de avena con chorizo

Y mucho ajo, sal, aceite de oliva virgen.

GachasChorizo

No tenían nada más, ni azafrán ni pimentón, pero la grasa del chorizo las dejó muy bonitas (todo lo bonita que puede quedar una masa pegajosa de avena).

Ayer tenía 15 grados en casa; manta en la tripita, gachas calientes.

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