Hay un día que siempre llega: el día de abrir la chucrutera.

Tras semanas de esperar, abres la tapa y metes el hocico. Es un instante de vegetal emoción. Después, sacar el chucrut con las manos llenas, chorreante y aromático.

Se te escurre entre los dedos el jugo sabroso. Y luego llenar los botes, como si fueran pequeños regalos llenos de color.



Ahora aguardarán en la nevera hasta que les llegue su hora. Bueno, un poco caerá en la comida. Pero aún queda algo más; disfrutar del zumo de chucrut.

Oh, elixir aromático. Cuesta creer que esto sea jugo de col fermentado (bueno, en este caso lombarda), sin más ingredientes. Creo que al tomarlo siento la misma admiración que al tomar vino, cuesta creer que aquello es simplemente el zumo de la uva fermentado.







Ensalada de chucrut de lombarda, manzana, kéfir y alcaravea
Vachement bon.
La vida es corta. Hay que disfrutar; hay que fermentar.