El invierno.

Comer alimentos cocinados por otras personas a veces es como viajar en el tiempo y el espacio. Esa manera de sobrecocer las verduras invernales o la pasta a mí me transporta al siglo pasado.
El invierno.

Comer alimentos cocinados por otras personas a veces es como viajar en el tiempo y el espacio. Esa manera de sobrecocer las verduras invernales o la pasta a mí me transporta al siglo pasado.
Sí.

Era el paso natural tras el kéfir chucruteado con lombarda del otro día. Entre el fabuloso e inesperado sabor que deja un poco de chucrut (en este caso de lombarda) en el kéfir y el toquecillo de ajo que le puse a la lombarda al fermentar, el sabor es profundo, cremoso, y tiene un ligero recuerdo al tsatsiki. Aún lo he escurrido un poco más de lo que sale en la foto. Ahora puedo incluso hacer pelotitas de labne, y ponerlas con aceite y especias. ¡Sí! (Léase entonando como Xisca Tangina Martorell).

Con pan, aceite y comino.
Café cuando no toca café.

Llevo unos días atascado entre el bloc de notas y el ordenador, con café y Stan Getz.
Mi comida de hoy, corriendo antes de un curso.

Después los he juntado, claro. Haciendo un ejercicio de eliminación del apego, hoy me he cortado de ponerle chucrut o tabasco.
Primero puse la butifarra, poco a poco fue dejando parte de su melosidad cósmica en la sartén, y ahí metí el chucrut; con la grasa gelatinosa y un poco de chupchup, quedó con esa textura sedosa, casi libidinosa. Dado lo contundente de la butifarra de perol, el chucrut le va al pelillo como contrapunto.

Con un poco de pan de harina gallega.
Me mandaron desde Galicia un paquetito de harina del Molino del abuelo, en Lalín.


Es una harina fantástica, tiene buen color, y en cuanto toca el agua se tiñe de unos tonos cremosos, marrones, arcillosos. Es una verdadera gozada de trabajar, absorbe muchísima agua y después es muy maleable.

Una vez cocido, el pan no hace más que confirmar lo que ya sabías. El color de la miga es oscuro, y su sabor es fantástico, un poco como a espelta, con una nota diferente a otros trigos. En la foto inferior lo comparo con otro pan. A la izquierda, una rebanada de pan hecho con harina blanca y un poquito de integral; a la derecha, una rebanada de pan hecho 100% con harina gallega. No sé si en la foto se aprecia bien, en directo es todavía más cremoso y oscuro (realmente el blanco también tiene un toque cremoso, en la foto aparece más blanco de lo que es).


La corteza (en esta foto la hogaza gallega está a la izquierda) tiene unos tonos dorados muy chulos también, y en el horno olía nítidamente a maíz.
El pan es bueno, el paquete es moi fermoso.
Caballa con tomate, chucrut, patatas
Una de esas veces que te encuentras tesoros en casa. Cuando esto sucede, aprecias de verdad las cosas importantes de la vida.
Klara ríe. Jonas habla por teléfono. Emil toca la guitarra.