Disfrutando como locos.

Este es el segundo que cayó, ya remojado en leche. He puesto la historia y la receta en La memoria del pan. Aquí, la sensación, el momento. Un bol lleno de recuerdos de Suecia, compartido a placer. Nada mejor.
Creo que tengo un asunto con los dulces lácteos. Aquí cerca, el arroz con leche y las torrijas; más lejos, el rasmalai y los semlor. Algo en estos platos que me une de una manera profunda a ellos, haciendo que prepararlos y comerlos sean experiencias memorables.





Pan malagueño
En Madrid.
Olga me envió un pan desde Málaga. Integral, redondo, precioso. Mide unos 16 cm de diámetro y la corteza es homogénea y dura.
Qué maravilla que te regalen pan, sólo comparable al hecho de elaborar pan con tus manos y regalarlo.
De la panadería Lebrillo, en Coín. Es denso y tiene el sabor y dulzor natural del cereal. A pesar del viaje y del par de días que tenía, estaba tierno y bueno.
Más tarde, Andrés me confirmó que a ese pan se lo conoce como un mini. Un pan típico de la zona de Coín, Alhaurín y Cártama.
Yo no pude evitar acordarme de los panes que llevaba Bernardina Curiel cuando Eugene Smith la fotografió en Deleitosa, aunque aquellos eran blancos y de masa refinada.
Panes densos y metidos en harina. Andrés me recomienda hacer un gazpachuelo o una «zopaj’hervía» cuando el pan se ponga duro. Pero me temo que eso no va a suceder.