A veces tienes la suerte de disfrutar de momentos, de personas, de comidas únicas. Cosas extraordinarias hechas con cariño.
Me encanta el español por palabras como libérrimo, que justifican todo un diccionario; pues el francés me encanta por la palabra convivialité. La convivialidad es esa característica tan humana de compartir la comida de manera social, de organizar una fiesta alrededor de la mesa para reunir a los amigos y compartir, más allá del mero hecho alimenticio. La convivialidad.
Es más, otro término para designar a esta reunión o banquete es la bellísima palabra ágape, que no significa otra cosa que amor en griego. Pero no un amor cualquiera, sino un amor desinteresado, el amor total. Por no desviarme mucho del foie de Carole, os copio sólamente un poco de la primera epístola de San Pablo a los Corintios, 1.13 (con perdón) acerca de este amor.
«Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de
los ángeles, si me falta amor sería como bronce que
resuena o campana que retiñe.
Aunque tuviera el don de profecía y descubriera todos
los misterios ,el saber más elevado, aunque tuviera
tanta fe como para mover montañas, si me falta amor
nada soy.
Aunque repartiera todo lo que poseo e incluso
sacrificara mi cuerpo, pero fuera sólo para recibir alabanzas
sin tener amor, de nada me sirve.»
Que es exactamente lo que repiten (en griego) los coros que cantan el himno de la unificación de Europa en «Azul» de Kieslowski: agapé. Fin del tioteorías de hoy, volvamos al foie.
Carole hizo en Lille un par de tarrinas de foie fresco; de oporto y de brandy. Según parece, es bastante sencillo. El higado se macera suavemente durante 1 día con algo de sal, pimienta y el alcohol deseado, y después se cuece al baño maría en un horno levísimo, poco menos que templado. El truco está en que el foie sea de calidad y en quitarle bien los nervios. Por lo que cuenta Carole, se nota cuando los foies vienen de aves estresadas (más de lo que se les estresa habitualmente para hacer foie, se entiende) porque tienen muchos más nervios. Un foie de calidad tiene muy pocos. No hay palabras en mis diccionarios para describir el foie de Carole.

Y luego están los espárragos de Pili, de Pitillas. Vinieron en una lata sin etiqueta, donde tan sólo se leía la palabra «Pili» escrita con rotulador. Uno la imagina yendo a recoger sus espárragos (unos mas gruesos, unos más finos) una vez enlatados; casi puedo imaginar el amor con el que reparte sus latas entre las personas más cercanas.

Estas son las cosas que, sin duda, más valoro. Las cosas únicas, hechas y compartidas con cariño. Magnífico ágape.












Tostada de cacahuete, pepino y sambal – HEMC 18 Legumbres
Sí, sí, ya sé. Pero es que el cacahuete es una legumbre (¡Je!).
Hace tiempo que quería probar esta receta que me pasó mi amiga Laurien, y qué mejor oportunidad que el HEMC de las legumbres que nos propone Alica.
Esta tostada es una muestra del gusto de los holandeses (como muchos otros países del centro y norte de Europa) por los sabores agridulces, por las mezclas que en el sur de Europa nos dan más reparo.
Siempre me ha chocado como países como Holanda o Inglaterra han sabido sacar más provecho gastronómico de su época colonial que España. Nosotros trajimos los ingredientes pero no los métodos o recetarios, eran diferentes épocas, claro. Así, el imaginario culinario cotidiano holandés tiene una cierta sobriedad (casi castellana diría yo) de platos sencillos y contundentes, como la sopa de guisantes, uno de los platos nacionales, o su manera de servir las carnes con las verduras cociditas cada una por separado, (como también les gusta a los británicos) en vez de servirlas en una mezcla estofada, como nos gusta en el sur. Pero, por otro lado, han desarrollado un gusto por las mezclas agridulces y por los ingredientes y maneras de sus colonias. Los platos de Indonesia o Surinam se pueden ya considerar casi tan holandeses como el Gouda de cominos; el nasi goreng o el moksi meti gustan a todos, mayores y jóvenes. Quiero decir que no son platos «de moda» o exóticos.
Esta tostadita me recuerda todas esas cosas. Tiene pan (mejor si es integral), matequilla (sí, ya sé), matequilla de cacahuete, pepino en rodajas y sambal (una pasta de pimiento picante de Indonesia).
Ya sé que puede chocar poner mantequilla y mantequilla de cacahuete, pero hay que decir que en holandés, la pasta de cacahuete que nosotros (y los anglófonos) denominamos mantequilla se llama pindakaas, literalmente «queso de cacahuete». En Holanda yo diría que es tan habitual como en Inglaterra o los mismísimos EEUU, e incluso la usan con una mayor amplitud de miras en la cocina, como en esta tostada o en la salsa saté (o satay), que es muy habitual.
El resultado es sorprendentemente bueno. Se podría decir que es como ir a comer a un restaurante tailandés, pero en miniatura y express (por lo rápido que se hace). Está dulce, salado, picante y cremoso, como un buen curry verde.
No me gusta presentar más que una cosa al HEMC, para no saturarlo, pero en este caso, y por si hay alguna suspicacia, también os presento una receta que hice hace poco, Casarecce con garbanzos fritos, cebolla y foie.