Las albóndigas que me voy a comer hoy.

Ayer por la noche llegué a casa tarde y cansado, venía de un sitio fantástico (sigo con interesantes proyectos de los que pronto hablaré), y me llevé una gran sorpresa al ver una hermosa cazuela blanca llena de pelotitas, felices en su salsa. Creo que han estado en mis sueños, esperando a que las metiera en mi bolso esta mañana para llevármelas a la oficina.







El pan de Bach
Este es el pan de Bach; Magnificat anima mea Dominum.
Hace ya tiempo que andamos dándole vueltas y más vueltas a los dos grandes asuntos de la vida: el pan y Bach.
Pues finalmente lo he conseguido, los he podido mezclar: pan por Bach, alimento para la tripa por alimento para el alma. Este pan me llevó a ver el Magnificat, es algo bello que me llena de ilusión y me devuelve la fe en nuestra civilización.
Lo mezclé, amasé y horneé a lo largo del día pensando en Bach. Por la noche, me fui a Vilafranca del Penedés y estuvo allí, quietecito, en silencio, a la escucha. No tiene que ser mala cosa (para una hogaza) que lo último que escuches sea Bach.