Ayer me pasé por la panadería Crustó, una de estas nuevas panaderías que parece que han abierto en Barcelona (yo no estaba aquí antes, pero creo que varias llegaron casi a la vez que yo). El pan está rico, es sorprendentemente ligero, una buena hogaza pesaba apenas 880 g, con lo que la miga es muy blanda (pero que mucho, hasta el punto de ser llamativo); esto puede ser lo que menos me gustó, ya que la sensación era menos «rústica» de lo que a mi me gusta. La bolsa olía muchísimo, a una mezcla de malta y horno.


Con unas alcachofitas para cenar ayer. Y esta mañana un kit de emergencia, por si la cosa se pone fea.

De ositos y gominolas.






Porras del Mayoma y zapatilla del Melos
Me gusta Madrid. Desde su cielo hasta sus tascas.
He estado allí este fin de semana, y me llevo grandes impresiones, como las porras del Mayoma (por recomendación del amigo Munduate). Increíbles, calientes, recién fritas allí mismo (un espectáculo de ver).
O el recuerdo del Melos, un lugar memorable (por recomendación y compañía del amigo Ternasco) por sus grandes croquetas de bechamel líquida o sus pantagruélicas zapatillas.
La botella de Ribeiro no es un botellín de cerveza, es una botella de las de toda la vida, de 75 cl; eso da una idea del descomunal tamaño de la zapatilla. No obstante, en foto pasa como con el mar del Norte o El descendimiento de Roger van der Weyden, que no te haces idea.