Pero no todo junto.

Un platito de acelgas y bacon, algo ligero con la idea de hacer sitio a la clotted cream.

Un cream tea de postre, mientras llovía esta tarde en Barcelona; imaginando que es la lluvia cerca de un acantilado en Corunalles.
Pero no todo junto.

Un platito de acelgas y bacon, algo ligero con la idea de hacer sitio a la clotted cream.

Un cream tea de postre, mientras llovía esta tarde en Barcelona; imaginando que es la lluvia cerca de un acantilado en Corunalles.
Crujiente por encima, rellena de pistacho y cosas buenas, y chorreante de almíbar por debajo.


De Oz Antepliler, en Hackney, Londres. Creo que quiero que mis cenizas sean esparcidas aquí (sin machar los dulces, claro está).
Este fin de semana asistí, curiosamente, al primer curso de pan de mi vida, en Babette. Era sobre pan inglés y lo daba Paul Merry. Resonaron en mi cabeza los nombres y los aromas de las páginas de Elizabeth David; cottage loaf, hot cross buns, tin loaves.


Y entre porra y croqueta, un poco de comida crudivegana, unos espaguetis de calabacín (que ni son pasta ni tienen harina), con champiñones marinados y pesto vegano.

En Babette siempre suele haber cosas sorprendentes para comer; comidas crudiveganas con ingredientes y métodos diferentes. Esta vez no había chucrut (el chucrut casero de Babette es brutal).
Me gusta Madrid. Desde su cielo hasta sus tascas.
He estado allí este fin de semana, y me llevo grandes impresiones, como las porras del Mayoma (por recomendación del amigo Munduate). Increíbles, calientes, recién fritas allí mismo (un espectáculo de ver).


O el recuerdo del Melos, un lugar memorable (por recomendación y compañía del amigo Ternasco) por sus grandes croquetas de bechamel líquida o sus pantagruélicas zapatillas.


La botella de Ribeiro no es un botellín de cerveza, es una botella de las de toda la vida, de 75 cl; eso da una idea del descomunal tamaño de la zapatilla. No obstante, en foto pasa como con el mar del Norte o El descendimiento de Roger van der Weyden, que no te haces idea.
Bollitos cocidos al vapor (baozi) de morcilla con pimientos del piquillo
Con los restos de la harina china para bollitos cocidos al vapor.
Es una harina finísima y blanquísima, casi parece almidón puro. El resultado es suave y delicioso, con ese toque gelatinoso que da la cocción al vapor.
Para rellenar, más restos, una morcilla de Villarcayo que había en el congelador.
Y para acompañar, unos pimientos del piquillo estofados hasta que les sale el pilpilcillo ese tan rico.