Cuando empecé este blog, uno de los blogs que más leía era La olla suiza, hasta que dejó de actualizarlo a menudo (ahora lo usa casi exclusivamente para eventos blogosféricos varios). Entonces me pasé a 1x umrühren bitte, su blog en alemán, que está aún mejor. Una de mis secciones favoritas, aunque no la tiene categorizada como tal, es Pleiten, Pech und Pannen (algo como «De fracasos, mala suerte y averías varias»). Me encanta la sinceridad y humor con que cuenta sus desventuras, intentos fallidos y pequeñas derrotas en la rutina de la cocina. Pienso en esto mientras miro la foto de unos croissants.

Los había congelado ya formados, y los había metido en un túper, listos para descongelar, fermentar y hornear. No sé exactamente cómo pero, ordenando el congelador la otra noche, los saqué un momento de su sitio y los olvidé sobre la nevera durante más de 14 horas. Cuando me di cuenta del descuido, la masa había estallado dentro del túper (en teoría hermético) y había encontrado su camino hacia la libertad.
Mientras me tomo una tostada de Gentleman’s Relish sobre brioche de mantequilla, recapacito sobre lo complejo que es organizar un taller-demostración de elaboración de croissants: la temperatura, los tiempos, las explicaciones.


El sabor del Gentleman’s Relish es muy fuerte, pero no apestoso. Es salado, británico y muy aromático. Recuerda más a un paté con hígado de cuadrúpedo que a las anchoas en salazón. En este momento maldigo no tener algún pepino por casa para ponerle un par de rodajitas y disfrutar del té. Hoy he puesto la leche en la taza antes de verter el té.

























Vainas con aceitunas y atún
Bueno, y perejil, que es de Arguiñano. Creo que le vi hacer esto en la tele hará como 15 ó 16 años; lo mismo, pero con pasta.
Recuerdo que, durante una época, en verano era un plato habitual en casa. Son curiosas estas cosas, los platos que haces tanto una temporada, y luego desaparecen: aquella ensalada de endivias, huevo cocido y mostaza que nos hizo Catalina. O la temporada que nos dio por el cuscús. No teníamos sillas, cuando venía gente a casa los sentábamos a todos en una alfombra azul y amarilla que tenía dibujado un sol, para comer cuscús, en aquella casa que se caía a pedazos… quin plaer haver-la pogut conèixer fa molt de temps.