Nada más abrir la botella.
[youtube]kro5ewtU26Q[/youtube]
Hay como un tapón de nata de unos 2 cm, de sabor dulcísimo y cremoso. Maravilloso.
Me encanta Mahala, sus yogures y su leche.
Nada más abrir la botella.
[youtube]kro5ewtU26Q[/youtube]
Hay como un tapón de nata de unos 2 cm, de sabor dulcísimo y cremoso. Maravilloso.
Me encanta Mahala, sus yogures y su leche.
Sin cebolla, sólo puerro y zanahorias, hora y media al chupchup del vino blanco.

Y con bien de puré casero. Sin queso. El puré de patatas gratinado con queso cada vez me parece más ordinariez. He dicho.
No tenía anchoas para hacer el refrito con ajo y chile, así que le eché atún. Aún tenía por casa unos restos del chile coreano que me dio Kim. Aunque ha pasado tiempo, no está malo; esas escamas rojas brillantes.

¿Pasará algo por tomar demasiada brassica? Viva el invierno.
Ay, cómo me gusta esto.

Me gusta con pan de centeno, con pan de trigo, con knäckebröd… No puedo parar; pancito sabroso con su mantequillita y sus huevos (aún no le he arreado al tubo de kaviar directamente… al tiempo).

Estas tostadas iban con uno de estos, no recuerdo cual. Son la misma masa, pero cocida diferente. Uno cubierto por una cazuela (a modo de horno primigenio) y el otro directamente en el horno.
Sí, es la col de Bruselas; no es un recurso chungo de restaurante modernista, que vendría antes de cosas como «y su pilpil» o «con su crujiente».
Incomprensiblemente, la última parte de la última tanda chucruteadora se torció; no sólo le salió moho, sino que olía muy mal, realmente mal. Al tirarla, me di cuenta de que la parte del fondo de la chucrutera (que contenía coles de bruselas chucruteadas enteras) no olía mal. Salvé una para su estudio: la col de Bruselas chucruteada.

Abrí la col en dos. Como era de esperar, la parte inferior, sumergida en su baño de ácido láctico… estaba buena. La fermentación es así. Puse otra tanda con tres lombardas, medio kilo de zanahorias y cuatro dientes de ajo. La vida que yo veo anhela los extremos confines; el desierto, la selva, y nada más.
Primero sofreí las patatas con ajitos, grasa de pato, mantequilla (y hasta un poco de aceite de oliva); después eché una lata de Voll-Damm, pimienta, nuez moscada y las estofé; finalmente, hice una costra (como si fuera un crumble) con nueces majadas y parmesano rallado, y lo gratiné hasta que cogió color.


Con las grasas y la cerveza, las patatas quedan melositas, y la costra es bastante brutal. Al comerlo, ya en el plato, te vas encontrando los trozos de costra.
Pocas cosas en la nevera, mucho sabor.
Dos kilos de Holzofenbrot
Sigo alucinando con el sabor del cereal integral. Centeno y trigo en este caso.
A pesar de estar hecho con levadura (además de masa madre), mejora con el tiempo. Pasados dos días, aún sigue hacia arriba. Cuando ha pasado ya un rato desde que te lo has comido, permanece en la boca el sabor del cereal.
Nunca consigo explicarme la prevención que hay en España contra el pan integral (bueno, también lo hay contra muchos sabores fuertes), y no me refiero a todo lo que rodea a los panes negros de los momentos de escasez de la guerra y postguerra, puesto que ya hace 700 años que el Arcipreste de Hita escribió aquello de:
Diome pan de çenteno
tisnado, moreno
e diom’ vino malo
agrillo é ralo,
e carne salada.
Otros países disfrutan del maravilloso sabor del cereal tal y como la naturaleza nos lo da. Qué envidia.