Sigo alucinando con el sabor del cereal integral. Centeno y trigo en este caso.

A pesar de estar hecho con levadura (además de masa madre), mejora con el tiempo. Pasados dos días, aún sigue hacia arriba. Cuando ha pasado ya un rato desde que te lo has comido, permanece en la boca el sabor del cereal.
Nunca consigo explicarme la prevención que hay en España contra el pan integral (bueno, también lo hay contra muchos sabores fuertes), y no me refiero a todo lo que rodea a los panes negros de los momentos de escasez de la guerra y postguerra, puesto que ya hace 700 años que el Arcipreste de Hita escribió aquello de:
Diome pan de çenteno
tisnado, moreno
e diom’ vino malo
agrillo é ralo,
e carne salada.
Otros países disfrutan del maravilloso sabor del cereal tal y como la naturaleza nos lo da. Qué envidia.





Patatas recicladas
Estas patatuelas estaban destinadas a otro fin, pero la cosa no cuajó… así que, tras un par de días en la nevera, las he sofrito con un poco de cebolla, ajos, anchoas (de eso que se disuelven en el aceite caliente), pepinillos y pimentón.
Bueno, y los huevos, claro.