Con queso fundido, el pan de Anders y chucrut jurásico.


Casi cárnico.
Otro de esos increíbles botes que aparecen por aquí. El cristal estaba tan viejo y sucio que no se veía casi el contenido. Le pregunté a Karin cuándo había preparado aquel de chucrut. Me miró y dijo «¿en los años noventa?» El chucrut estaba suave, dulzón, con las hebras que se deshacían casi sin masticar. Las bacterias hacen magia.








Sopa de escaramujo
Nyponsoppa.
Hablando con Anders de viejos recetarios suecos, sacó la artillería pesada de libros de cocina de su madre, anotados con su esmerada caligrafía. Repasamos muchas recetas antiguas, de esos libros de comienzos del siglo XX: carne, caza, raíces y tubérculos, muchas sopas dulces y gachas de diversos cereales. No encontramos manera de que me explicara qué era la nyponsoppa, así que echó mano de un paquete que guardaba en el armario, y en unos instantes apañamos una de sobre. Rica, ligeramente ácida. Me la imagino en temporada, con un poco de nata montada y almendras. Cuando llegue el momento, me hincharé a coger escaramujos (siempre los veo ahí, muertos de risa), y haré nyponsoppa para acordarme de estos momentos, de las gentes y los gestos.