El Lincolnshire Poacher es uno de mis quesos favoritos. Aquí, escoltado por un Montgomery, estupendos ambos, majestuosos monumentos lácteos.

Al mercado de granjeros al que íbamos en Inglaterra solían traerlo una vez al mes; las veces que coincidía y comprábamos una cuña de blue vein, se convertían en días memorables. Pedalear de vuelta a casa, hacía fresco en otoño. Un tallo de ruibarbo sobresaldría de la alforja llena de raíces, verduras y pan turco recién horneado. El carril bici de London Fields se llena de hojas caídas y, si no vas muy tarde, puedes todavía ver a los chavales jugando al cricket sobre la hierba. Pasar bajo las vías del tren, dejar atrás el gran Tesco y llegar a la casa de ladrillo.
Cuña de nostalgia patrocinada por la magnánima generosidad del amigo Munduate. Si Irantzu siguiese en La buena vida, molaría que la musicaran.






Superpincho
Si fuera más cool, diría überpincho.
Bueno, aunque realmente lo que le pega a este fósil viviente es llamarse urpincho. ¿Habrá cofradía de esto? (De hecho, ¿no hay cofradía de la gilda?).
Directo a la carpeta de santos cotidianos.