Hemos descubierto un pequeño tesoro en Barcelona. La tienda La Italiana. Es una tienda con más de 100 años de historia, que vende una maravillosa pasta fresca propia. Sus cintas de pasta de sepia son sencillamente sublimes: la textura, el aroma…simplemente con unos langostinos pasados por aceite y ajo se convierten en algo único*.


Todavía tengo en la memoria del gusto la sensación libidinosa de esas cintas negras y largas (larguísimas) al pasar por la lengua. Por no hablar de sus raviolis de bacalao…otro día hablo de sus raviolis de bacalao, ¡ay los raviolis de bacalao!
Bueno, y por no hablar de los productos italianos que tienen. Una buena colección de quesos y embutidos, además de varias mantequillas de nota. Tienen la mantequilla Beppino Occelli (sí, la mejor del mundo) que ya habíamos probado en Londres, y esta Soresina que, además de una lata preciosa, tiene un sabor muy natural, como a leche fresca.

Barcelona, poco a poco, va desvelando alguno de sus secretos, sus pequeños lugares cotidianos. A pesar de ese frenesí moderno que la consume, alberga maravillosos lugares como La Italiana.
* La pasta de sepia con langostinos, ajo y una pizca de picante es también de Ana.











Foie de Carole y espárragos de Pili
A veces tienes la suerte de disfrutar de momentos, de personas, de comidas únicas. Cosas extraordinarias hechas con cariño.
Me encanta el español por palabras como libérrimo, que justifican todo un diccionario; pues el francés me encanta por la palabra convivialité. La convivialidad es esa característica tan humana de compartir la comida de manera social, de organizar una fiesta alrededor de la mesa para reunir a los amigos y compartir, más allá del mero hecho alimenticio. La convivialidad.
Es más, otro término para designar a esta reunión o banquete es la bellísima palabra ágape, que no significa otra cosa que amor en griego. Pero no un amor cualquiera, sino un amor desinteresado, el amor total. Por no desviarme mucho del foie de Carole, os copio sólamente un poco de la primera epístola de San Pablo a los Corintios, 1.13 (con perdón) acerca de este amor.
«Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de
los ángeles, si me falta amor sería como bronce que
resuena o campana que retiñe.
Aunque tuviera el don de profecía y descubriera todos
los misterios ,el saber más elevado, aunque tuviera
tanta fe como para mover montañas, si me falta amor
nada soy.
Aunque repartiera todo lo que poseo e incluso
sacrificara mi cuerpo, pero fuera sólo para recibir alabanzas
sin tener amor, de nada me sirve.»
Que es exactamente lo que repiten (en griego) los coros que cantan el himno de la unificación de Europa en «Azul» de Kieslowski: agapé. Fin del tioteorías de hoy, volvamos al foie.
Carole hizo en Lille un par de tarrinas de foie fresco; de oporto y de brandy. Según parece, es bastante sencillo. El higado se macera suavemente durante 1 día con algo de sal, pimienta y el alcohol deseado, y después se cuece al baño maría en un horno levísimo, poco menos que templado. El truco está en que el foie sea de calidad y en quitarle bien los nervios. Por lo que cuenta Carole, se nota cuando los foies vienen de aves estresadas (más de lo que se les estresa habitualmente para hacer foie, se entiende) porque tienen muchos más nervios. Un foie de calidad tiene muy pocos. No hay palabras en mis diccionarios para describir el foie de Carole.
Y luego están los espárragos de Pili, de Pitillas. Vinieron en una lata sin etiqueta, donde tan sólo se leía la palabra «Pili» escrita con rotulador. Uno la imagina yendo a recoger sus espárragos (unos mas gruesos, unos más finos) una vez enlatados; casi puedo imaginar el amor con el que reparte sus latas entre las personas más cercanas.
Estas son las cosas que, sin duda, más valoro. Las cosas únicas, hechas y compartidas con cariño. Magnífico ágape.