El año pasado hice un pan con sátar (zatar, zaatar), y desde entonces casi todos los meses pienso en hacer un pancito con esta mezcla de especias con sabor profundo de Oriente Medio. Me parece que es un sabor que combina fantásticamente con pan. De hecho, la primera vez que lo probé fue untado con pan y aceite, gracias a un amigo con familiares de por allá. El sabor del satar es, por decirlo así, exótico y misterioso. Este fin de semana he hecho un par de pancitos planos; uno con sátar (el de la derecha) y otro con levístico (apio de monte).


La primera vez que leí acerca del levístico (lovage en inglés) fue a Nikki Duffy, («This year, I’ve fallen in lovage«, me encanta) en uno de los maravillosos artículos semanales que tenía en el Guardian, en los que cada semana hablaba de un ingrediente (siempre estoy con la idea de proponérselo a los semanales españoles, cuyas páginas de cocina son un poco plof). Recuerdo que esos artículos eran lo primero que leía nada más abrir la revista. Nikki Duffy explicaba con sencillez ingredientes desde el membrillo hasta el levístico. En su artículo ella hablaba de la hoja, pero la semilla me ha dado un resultado espectacular, así que ya la estoy plantando para cocinar también con la planta…las umbelíferas son muy agradecidas.
Así como el anís recuerda algo a su primo el hinojo, el levístico tiene un olor tan penetrante que podría recordar a la alcaravea (mezclado con intenso romero y tomillo). Cuando lo mueles suelta otros aromas algo parecidos al comino. Así que, con toda esta alcurnia, está claro que es una gran semilla para hacer pan.
Para estos panes usé masa madre de harina de fuerza y después añadí harina «brown«, un tipo de harina «ligeramente integral»; vamos, que es de un bonito marrón claro uniforme. Le quitan la cáscara más gruesa y lo demás va molido fino fino, sin pintas.
No estoy muy contento con cómo quedó el pan en sí (miga, corteza, etc.), pero el sabor es fantástico; de todo se aprende.






Barras de domingo
Pocos ingredientes.
Mucha temperatura.
16 minutos a 250º. La corteza quedo fíííína fíííína, la miga llena de sabor. Vienes del mar y te llamas ola.