La pasta que más me gusta tiene que ver casi siempre con la textura, no con el sabor.

Esta tiene berenjenas, anchoas, alcaparras y un poco de salsa picante de pimiento.
…si a mí me gusta que suenen, pa qué los quiero engrasar…
La pasta que más me gusta tiene que ver casi siempre con la textura, no con el sabor.

Esta tiene berenjenas, anchoas, alcaparras y un poco de salsa picante de pimiento.
…si a mí me gusta que suenen, pa qué los quiero engrasar…
La malta es un mejorante panario natural muy usado que ayuda a la levadura en su labor, mejora el color, la corteza y la textura de la miga; vamos, un chute enzimático para el pan.
Se obtiene germinando y tostando granos de cereal; se suele usar mucho la cebada ya que la malta resultante tiene un gran contenido en enzimas. En este caso he usado centeno que es lo que tenía por casa.

Hacer malta en casa es sencillo. Se remojan los granos, se dejan germinar cuidadosamente; luego se interrumpe la germinación secándolos; y finalmente se tuestan a baja temperatura.


El resultado es una harina con un olor dulzón; un olor fácilmente reconocible, ya que muchos fabricantes de pan abusan de la malta. Personalmente me he encontrado con muchos panes con un tufillo a malta que resultaba bastante molesto, así que yo no la suelo usar (cuando la uso lo hago con mucha mesura). La verdad es que no soy muy amigo de echarle «cosas» al pan, tal vez por el hartazgo que me produce que el pan industrial vaya llenito de ellas.
No sé…a mí me gusta que el pan de centeno sea pesado, que el sabor de un buen pan casero se vaya acentuando con los días por la labor de la masa madre, y que diferentes tipos de harinas produzcan diferentes tipos de pan, «las flores del campo no quieren macetas».
Después de Instant Britain!, viene una de las guarradillas favoritas de casa: galletas con custard. Normalmente lo hacemos con ginger nuts, una galleta crujientísima (realmente es más granítica que crujiente) y picante, pero en esta ocasión usamos un poco de shortbread que había por casa.

Dios salve a su graciosa majestad y a todos sus súbditos.
La caballa ahumada la puse un segundo al calor para que perdiese el frío.

La coliflorcita va rehogada con alcaravea, un sí es no es de pimentón y pepinillo agridulce.
La primera vez que comí esta ensalada fue hace unos quince años, en un maravilloso lugar llamado Las Tiesas Altas, en el Pirineo Aragonés.

Desde entonces, es un plato habitual de casa. La salsa de manzana es facilísima y el resultado (sobre todo mezclado con zanahoria rallada) impresionante. La manzana (un poco ácida mejor) va pelada y pasada con la batidora con un poco de aceite de oliva, limón y sal (aunque se le puede poner estragón o alguna otra especia al gusto). La ensalada de la imagen sólo llevaba zanahoria, tomate y queso, pero con aguacate, queso azul y aceitunas negras es deliciosa.
Mel i mató
Este mató es de Cardedeu (lo compramos junto con los borregos).
En casa comemos mucho mató, casi todas las semanas; desde el que vende el súper hasta los frescos de granja que pillamos por ahí. Gran cosa, el mató con miel. Este de la granja Can Bordoi es bastante compacto, denso y sorprendentemente dulce (antes de echarle la miel, se entiende).