Ser feliz aquí.

Aunque la salsa sea demasiado espesa, harinosa y tenga demasiado cardamomo, y aunque las pelotitas sean un rasgulla al que no se le ha dado tiempo a absorber la cremita.
El caso es que hemos encontrado un sitio en Barcelona, «Sunshine Khana Khazana» (así-con-todas-las-letras; en el Raval, paseo de Sta Margarita 6), donde los dulces indios suelen estar relativamente frescos, el barfi no es malo, y el gulab jamun y la rasgulla también están muy bien. He probado varios dulces indios en Barcelona y normalmente son decepcionantes, yo lo achaco a falta de frescura, porque suelen saber algo rancios.
Lo más curioso del caso es que, tras un poco de tanteo, se ofrecieron a preparar rasmalai de encargo, ya que no lo tienen allí ni lo ofrecen en su carta. El resultado no va muy allá, pero es como una pequeña señal, un pequeño guiño de felicidad.
Rasmalai barcelonense, la vida parece sencilla.
*Por cierto, pasar una temporada de «mono» de comida india en Barcelona no es fácil. Cualquier sugerencia es bienvenida.








Enslada estonia de pepino y alcaravea à la James Bond
Sigo con mucha atención el blog Nami Nami y he tenido la suerte de intercambiar algún email con Pille. Siempre pone cosas ricas, muchas veces de comida de Estonia, de hecho, tiene una gran página al respecto, pero en estonio (!). Además, normalmente acompaña sus recetas de preciosas historias. Hace poco han llamado mi atención unas gachas agrias de avena (que haré cuando pasen los calores) y esta ensalada de pepino. Esta preparada para que el pepino no quede crujiente, sino sedoso y blandito.
Esta es también una ensalada especial porque usé el primer pepino de la cosecha, de sabor y olor indescriptible. Siempre que tomas un tomate de huerta, casero, el sabor te recuerda lo mala que es la verdura que muchas veces compramos en los supermercados; últimamente me está pasando lo mismo con el pepino. He tenido la suerte de toparme con unos señores pepinos, con un aroma fantástico, y un sabor muy profundo.
Por si fuera poco, la ensalada la preparé en uno de los táper que más me gusta. Es metálico, esmaltado, tiene tapa de plástico y por fuera marchan frutas y verduras en una comitiva graciosísima. Debajo de cada verdurita se puede leer su nombre en japonés: kabu-kabu, tormasu, kysuke, ichigo…