El pan de cada semana (harinaaguaysal), pelado como si fuera una naranja, y un pan de espelta integal y nueces, con una pizca de azúcar de melaza.


El blanco quedó muy esponjosito, con la miga suave; el integral quedó húmedo y oscuro, lleno de trocitos de nueces.

Para hacer el integral utilicé el azúcar más bestia que he usado; un azúcar negro de Mauricio, de la marca Billington’s. Viene en un bloque casi sólido, húmedo y aromático. Para coger un poco, tienes que desmenuzarlo concienzudamente. Sabe a regaliz.







Masa madre y llantas Mavic
La madre.
Hace tiempo que veo nítidas similitudes entre el pan hecho de manera tradicional, con levadura natural, y la bicicleta más tradicional, la primera bicicleta, la de piñón fijo. Ambas actividades requieren un abandono de lo aprendido, un rechazo voluntario a los grandes avances que nos ha dado el progreso. La innovación nos ha traído grandes satisfacciones (rapidez y automatización en la elaboración del pan, por un lado; disponibilidad de cambios con decenas de marchas, por el otro), nos han facilitado la vida, pero también, simultáneamente, se ha ido adueñando de pequeñas parcelas que nos pertenecían, y nos ha privado de verdaderos placeres (el sabor y la textura, entre otras cosas, por un lado; y el placer del pedaleo, por el otro). A menudo, uno se pregunta: “¡Ah, pero, el futuro era esto?”. Casi ni menciono la admiración y el respeto que me transmite el panificar como se ha hecho durante siglos, o el hecho de que las bicicletas de piñón fijo eran las que usaron los primeros héroes de la ruta, cuando las carreteras no estaban asfaltadas y había que bajarse de la bici y subir andando si la cuesta se empinaba.
Amasar una hogaza con las propias manos y dejarla levar lentamente es algo que otorga un placer y satisfacción indecible; el sencillo hecho de moverse en una bicicleta de una sola velocidad, cuyos pedales se moverán siempre que la bicicleta se mueva, hace sentir una conexión única con el suelo y todo lo que te rodea, una sensación en la que todo fluye de manera silenciosa y armónica.
De un modo parecido, criar una masa madre, y verla crecer, gratifica de una manera silenciosa y lenta, crea una felicidad y una satisfacción plena; lo mismo que construir una rueda, ir montando los radios en la llanta, encontrar su tensión justa hasta conseguir un conjunto perfectamente redondo y resistente.
Radios y pan casero.