Son bonitos y de México.

Dentro tienen un poco de polvo de bicarbonato y ácido, así que hacen fsss.
Son bonitos y de México.

Dentro tienen un poco de polvo de bicarbonato y ácido, así que hacen fsss.
No es que comiera sólo rasmalai, sino que lo llevé para los muchachos de la oficina.

Un rasmalai de circunstancias: primero el paneer me quedó muy sólido, así que tuve que corregir el agua y reamasarlo, al final no quedó tan esponjoso como me gusta; después me di cuenta de que había gastado toda la leche entera en las pelotitas, así que la salsa la tuve que hacer con semi, por más que la cocía y cocía aquello no mejoraba de textura, pero bueno. Fresquito en la ofi no estaba nada malo.
30 % de centeno, 70 % de trigo, 30% de gato.

Masa madre y miel de caña.

He descubierto que el gato tiende a juntarse con los panes de su color.
Sin patatas, sin ajo; con cebolla, aceite y pimentón.

Estas eran pequeñas, preparadas sin cocer, simplemente rehogadas como las espinacas, tiernas y sabrosas. Seguidas de una naranja: ¡viva el invierno!
¡Nuevo curso de pan!
Para el último sábado de febrero hemos preparado un curso de panes italianos en el Espai de Cuina SU2311 de Tarrasa.
Nos meteremos de lleno en la elaboración de panes llenos de sabor, con textura abierta y una miga llena de esos grandes y característicos agujeros. Para aquellos que tienen respeto a las masas líquidas, explicaremos con todo detalle como dominar la ciabatta o la focaccia; y para finalizar haremos (¡y comeremos!) unas pizzas finas, deliciosas, elaboradas de acuerdo a antiguas recetas italianas; pizzas merecedoras de ese nombre.


Preparando el curso he hecho una focaccita de aceitunas turcas, para ajustar cantidades, tiempos y recetas. Estas aceitunas turcas curiosamente me las traje de la última escapada a Londres. Allí siempre teníamos en el armario un paquetito de estas aceitunas «de desayuno». Son de esas aceitunas arrugadas, archisabrobsas; no son negras ni verdes, sino una mezcla.
Zumo de zanahoria y naranja con donucito y camembert
Pero no todo al mismo tiempo, claro.
Lo primero era para combatir la enfermedad, con vitaminas y mimos.
Tras más de una semana entre la amoxicilina y la claritromicina, lo segundo era para llenarme de bacterias de nuevo; con leche cruda, sin pasteurizar: ¡Venid a mí!
Camembert de Normandía, del bueno, qué rico. Incluso faltándole más de 2 semanas está lleno de saborazo; hacía tiempo que me moría de ganas de tomar camembert que mereciera ese nombre.