Mucho pan

Esto días he estado haciendo pan a lo burro para una cata de vino y queso (¡y pan!) que organizaron los chicos de Delifunart y Bodegas Torres.

Pan a lo burro
Masas madre
Masa madre de centeno y harina de trigo

Además de muchos panes, llevé masa madre para enseñársela a los que allí estaban; la olieron, algunos incluso la tocaron.

*Los bonitos tarros donde está la masa madre son cortesía de Marona & Co. Incorporated.

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Curso de pan en Cantabria ( y Mischbrot de 70 % centeno)

Finalmente voy a dar cursos por el Norte (¡vuelvo a casa!); para empezar voy a dar un curso el sábado 16 de mayo en Treceño, al lado de Cabezón de la Sal, Cantabria. Treceño pertenece al municipio de Valdáliga, uno de los nombres más bonitos que conozco.

Gracias a la colaboración de La Yelda (un obrador artesano en el corazón de Cantabria) y la gente de Treceño, hemos organizado un taller de introducción a la panadería artesanal de 3 horas: ingredientes, fermentos, masa madre, técnicas y métodos. Aprenderemos a amasar, a conocer los diferentes estados de la masa, degustaremos buenos panes y, al final, cada uno se llevará un pan listo para hornear en casa.

Será una cosa familiar y cercana, a las 6.30 de la tarde y costará 20 euros. Así que ni la hora ni el dinero son excusa. Si te quieres apuntar, mándame un email a tequedasacenar@gmail.com

Las fotos son del pan que me acabo de comer ahora, con un trozo de queso fundido por encima; Mischbrot con el 70% de centeno. Un pan muy aromático, con una miga que da gusto morder, medio gelatinosa, y con esa corteza que se parte con un corte limpio, característico; dando rebanadas que suplican queso, pepinillos, ahumados y cerveza. La harina (casi toda blanca, un poco integral) es del Ricón del Segura; harina de Albacete para uno de esos panes que (tras un par de días madurando empaquetado) adquieren un aroma a suelo de Centroeuropa.

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Pan con tiempo (mi primer pan comercial)

Ahora que tengo tiempo, por fin puedo dedicarme a hacer pan con un poco más de cuidado de lo que lo hago normalmente. Con un poco de tiempo, dentro de la rutina diaria, se puede hacer un pan increíble; prestándole un poco más de atención, el pan se vuelve sublime.

La semana que viene voy a vender por primera vez el pan que hago (bueno, mejor dicho van a pagar por el pan que hago), así que he tenido una excusa para hacer las cosas con más calma y cariño. A este pan le he dedicado ese poquitín más de amor que normalmente nunca te animas a poner en una hogaza por pereza, falta de tiempo o compromisos.

Está hecho con el mismo fermento madre que tengo desde hace ahora 4 años, pero preparado en pasta sólida y mimado durante unos días para que llegara a expresar todo lo que lleva dentro; después hice autólisis de los ingredientes antes de mezclarlos con el fermento (vaya, que mezclé harina y agua y los dejé reposar); le di un buen primer amasado, demorando la incorporación de la sal (la pesé con un peso de precisión), que añadí después de tener todo bien amasado, junto con un «baño» de agua adicional; por fin pude dejar que el pan fermentara con tranquilidad (por dejadez, llevaba una horrible semana de horneado nocturno con panes poco fermentados).

El peso es el habitual de la hogaza «casera y cotidiana», sobre 1 kg antes de hornear, pero tiene mucho más volumen; la corteza ha adquirido un precioso tono sin aditivos ni azúcares. La miga es muy esponjosa, esponjosísima. Hace poco hice la prueba de añadir el 0,5-1% de levadura que suelen llevar estos panes cuando los hacen en panaderías artesanales, y el resultado es el mismo, esa miga suave y esponjosa, pero que conserva cuerpo y que da gusto morder y masticar. El sabor es formidable, profundo, a cereal, con un toque de carácter, pero nada ácido. Hace tiempo que un pan no me emocionaba así.

En cuanto a los ingredientes, este lleva algo más de agua de lo habitual: en vez de 500 g de harina para 300 de agua y 200 de masa madre al 100%, lleva 500 g de harina para 385 de agua (335 y «baño» posterior de 50) y 150 g de masa madre al 50%. Está hecho con una mezcla de harinas; de fuerza de la marca 7 de julio, e integral de Rincón del Segura.

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Cerveza Ale Fuller’s 1845

Y algunas otras para la colección, esperando su turno.

La verdad es que estoy por poner una categoría «Ale» en el blog, ya que últimamente no hago más que encontrarme con fantásticas cervezas, ya sean catalanas o británicas.

Esta 1845 (madurada durante 100 días en botella antes de ponerse a la venta) apenas es amarga, es todo sabor, cereal y un toque afrutado increíble. La cenamos anteayer con una serie de variaciones y combinaciones de: buen pan de centeno, buen pan de trigo, aguacate, salmón del Atlántico, salmón del Pacífico, queso Philadelphia, mantequilla, anchoas y vuelta a empezar.

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Spaghetti con pimiento y menta, penne con longaniza y piñones

Esos fines de semana en los que tomas pasta hoy, pasta mañana y tomarías pasta todos los días de tu vida.

En las tiendas turcas (de Londres) es muy normal encontrar una pasta de pimiento rojo que parece de lo más cotidiano; como las latas de tomate en España. No es como la carne de pimiento choricero, es más suave, como una passata de pimiento. La venden hasta en grandes tarros de varios kilos, de la marca Önzü o la del pingüino (Penguen), como en este caso. Es muy socorrida ya que no necesita apenas cocción así que te montas un festín en un instante.
Spaghetti con pasta de pimiento, mucha pimienta negra y hojas de menta fresca. Como no tenía una cucharadita de yogur natural para seguir con el tema turco, le puse una buena porción de mantequilla.

Penne con longaniza aragonesa, cebolla tostada y piñones (y un poquitín de nuez moscada).

Estos eran más vicio que otra cosa; entre bocado y bocado de pasta te caía un trozo de longaniza, sabrosa, grasienta y salada.

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Pan de centeno y trigo con zumo de manzana

Una masa madre de centeno bien madura y aromática, con ese toque agridulce que le sale al centeno integral; mitad de harina de centeno integral y mitad de harina de fuerza y zumo de manzana recién licuado.

Mientras se hornea, el aroma es aún más dulzón y frutal de lo habitual cuando haces un buen pan de centeno. Ya en frío, la miga es ligera pero húmeda y se mezcla el toque ácido del centeno elaborado con fermento natural (el alma de este pan) con el toque también acidulado del zumo de manzana.

A falta de mantequilla, esta mañana me he tomado una rebanada con un trozo de queso Havarti bien cremoso.

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Chocos, morro y caña

Fin de semana en el Poble Nou.

Chocos morro y caña

Qué rico estaba el morro, pero… ¡qué grande era la ración! Con el exterior bien crujente, y la carne saladita; casi no lo cuento.

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