Lo mejor de Torrelavega, con permiso de la polka.
Un hojaldre sublime, dulce y tostado, pleno de mantequilla, y acompañado de más mantequilla y almedras tostadas.




Cuando cortas la tarta suena un hueco crujido que anticipa la deliciosa sensación en la boca. Pero el mero hecho de ir a comprarla, al portal de Santos (un lugar de peregrinación), es algo fabuloso; puedes ver cómo hacen el hojaldre, las polkas; cómo decoran los lados de la tarta con virutas de los recortes de las planchas de hojaldre.










Helado de lima, sorbete de enebro, albahaca, guisantes…
Y no sé cuantas cosas más. Tenía guisantitos crudos, de esos que son dulces; el granizado es alcohólico, de enebro, y los cuadraditos son algo parecido a un shortbread negro que recuerda lejanamente al sabor del polvorón. Gran postre, fotito de móvil.
El único recuerdo gráfico de una comida que no olvidaré en la cocina de Martín Berasategui, entre decenas de cocineros, platos y salsas. Estamos planeando, junto con David de Jorge, un curso de pan de los de quitarse la boina. ¡Que tiemble San Sebastián, que allá vamos! A ver si todo sale bien y en breve podemos anunciar un pedazo curso para la gente que quiere meterse en harina con lo del pan.