Ya de vuelta en casa, me tocan las labores ingratas del pan: tirar la harina rancia (qué calor hace en Barcelona), revivir la masa madre, ordenar todo. También tengo algo más grato, encontrarle un sitio a la masa madre que me traje de Ottolenghi. Es una masa madre centenaria que Dan Lepard trajo en su día de Dinamarca.

En concreto, el delicioso capítulo sobre el pan en Dinamarca del delicioso «The Handmade Loaf» (mi libro de pan favorito, y uno de mis libros favoritos) tiene un pasaje en el que habla de esta masa madre. Así que, antes de ponerme a trabajar, me demoro deleitándome con este pasaje (traducción libre y apresurada):
Eva Hauch trabaja en una oficina. Sentados en el jardín, bromeamos sobre los proverbios que usan el pan o la panificación como metáfora. “A veces, cuando vemos a un hombre grande y musculoso, lo llamamos stort brød (pan grande)”, dice riendo. Eva me pregunta cuando voy a marcharme. “Estoy horneando una hogaza ahora mismo”, me dice. “Todavía está en el horno, pero seguramente estará lista para llevar mañana”. La hogaza de la que habla es el pan negro tradicional, rugbrød (pan de centeno). “Este surdej (masa madre, literalmente masa agria) procede de Bornholm. Cuando estábamos en Esrum un amigo de nuestro vecino me dio un trocito de este fermento. Me dicen que tiene más de cien años. Mucha gente me cuenta historias de estos fermentos míticos, preservados como una reliquia y parte de su herencia. Cuando los chicos estaban creciendo, hacía pan con ella habitualmente. Mi amigo y yo hemos regalado trozos del fermento a otros amigos, compartirlo es una forma de mantener vivo el fermento, y una garantía de mantener la tradición”. Al día siguiente trae la hogaza, cuidadosamente envuelta en papel parafinado, con precisos pliegues a ambos lados, y metida en una bolsa de plástico claro. “No lo comas hoy”, me advierte, “la miga estará pegajosa y arcillosa. Deja que madure unos días”. Y así lo hago. Sobrevive al vuelo sin daños y cuando, ya en casa, abro el paquete en la mesa de la cocina, está perfecta. Ligeramente abombada por encima, tiene una corteza oscura, casi de chocolate. Cortada en rebanadas, la miga tiene una textura ligeramente cerosa. El sabor es una mezcla del tradicional toque penetrante del centeno, el agrio de la masa madre y un fuerte regusto a regaliz.
















































Gazpacho, Stilton y salmón ahumado
La primera comida en casa, con un pie aquí y un pie aún allí.
Me dio la frutera unos tomates de esos que están rojos de puro maduro, y un pepino que se olía desde el salón al cortarlo.