Un resto de sopa de verduras estirado con un poco de arroz.

Llueve en Barcelona. El patio está lleno de bicicletas. Pronto saldremos hacia el Norte.
Un resto de sopa de verduras estirado con un poco de arroz.

Llueve en Barcelona. El patio está lleno de bicicletas. Pronto saldremos hacia el Norte.
Como si fueran patatas fritas.
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Con todo el azúcar que tiene la calabaza se queda un sabor muy agradable y, si las fríes a fuego fuerte, se doran rápidamente. Eso sí, al de un rato se quedan blandurrias. Son naranjas y su sabor y textura es de lo más curioso, recuerda a un cruce entre patatas fritas y pimientos verdes fritos, ñam.
Ultimos retoques y correcciones antes del curso de panes navideños de este fin de semana.

Una masa abriochada, ligera, con el alma de una madre natural domesticada para rendir en dulce; harina navarra, buen amasado.


Comer panettone es un placer, pero elaborarlo es una experiencia igualmente extraordinaria; ir acumulando fermentaciones, como capas de aroma y sabor, ingrediente tras ingrediente. Al ser un pan tan rico en cosas buenas, éstas se van incorporando poco a poco para conseguir esa textura tan ligera; huevos, azúcar, mantequilla, frutas… Muchos panettones que se venden estos días están elaborados con extractos y aromas artificiales; en casa el panettone se mima con ingredientes excelsos: agua de azahar, vainilla natural, frutas deliciosas. Abrir la vainilla y raspar las minúsculas semillitas negras con la punta del cuchillo, o bien infusionarlas; trocear la naranja confitada y aún añadir un poco más de ralladura de naranja.
Hace un año que no hacía panettone, y es un ritual que da gusto repetir, volver a interpretar la delicada coreografía de esta ceremonia festiva.

El resultado es ligero, ligerísimo, aromático y produce un placer indescriptible al disfrutarlo: cortarlo, tocarlo, olerlo, masticarlo. Se disfruta poco a poco (yo con una taza de té de las Azores). La miga se deshilacha como una pluma de un ave exótica y paradisiaca.

Es un pan laborioso que requiere cariño y atención, al igual que muchas de las cosas ricas que prepararemos en los días que vienen para la gente que queremos. Igual que al panettone, a muchos sólo los vemos una vez al año, como si fueran planetas con una órbita muy ancha: esperamos a que lleguen con ilusión y después se van rápidamente.
Voy a servirme otra taza de té y otra rodajita de panettone.
Verdel ahumado con puré con cebollino y mostaza. Nada como estar en casa de nuevo; comida casera tras días de viajes y pintura.

El verdel, escocés, con un poco de sidra irlandesa.
Estaba ayer comprando harina en Renobell, como cada semana, y vi que habían traído harina de Kamut. Hace tiempo que tienen Kamut en grano; unos granos larguísimos y amarillentos. El Kamut que han traído parece casi una fina sémola, amarilla, gozosita (en la foto he puesto un poco de trigo integral para la comparación de tono y textura).

Con ella hice ayer un pancito sencillo, con madre, agua y sal. La harina semolosa absorbió bastante agua y dio una corteza crujiente y dorada y una miga sorprendentemnete ligera (para lo que anticipaba la textura de la harina). Hoy ha caído media hogaza con unos huevos fritos, y un poco de salmón marinado con queso Philadelphia y mostaza en grano.

El sabor es el mismo que recuerdo desde la primera vez que me topé con harina de Kamut hace unos años, es también un sabor semoloso, dulzón.
Para los amigos de Terrassa (bueno, y del resto de la comarca), me comenta Su, del Espai de Cuina, que un año más participará en la Marató de TV3, este año haciendo carquinyolis (el año pasado hicieron cientos y cientos de brownies). Los que queráis echar una mano, comer unos carquinyolis, o simplemente passar una bona estona, podéis pasaros por allí, seguro que hay un ambiente genial.
Desde New York
Café con leche y bollo de mantequilla.
…la la la la…
*Ignoro por qué han escogido esa foto del bueno de Yves Montand para ilustrar el vídeo, con lo charmant que fue siempre. Está bien, un poquito más de Montand, nunca es suficiente.