Recuerdo de un día inolvidable en la guarida de Robin Food.

Dentro de poco, armados con las más suculentas hogazas, nos lanzaremos a la conquista de Rusia y el mundo entero.
*Por cierto, la cuchara de la derecha era la del café (mejor no preguntar). El gran lujo de que alguien te siente a su mesa es poder estar a gusto; me comí esta fruslería con las manos. Y, una vez acabado, me chupé los dedos.
**Por cierto (y van 2), para los rezagados. David de Jorge tiene nuevo libro, que luego no digan que no avisamos.






Café con leche y bollo de mantequilla
Poco después de amanecer, en el aeropuerto. Café con leche (café Aitona, ahí queda eso) y bollo de mantequilla.
Los días claros de mayo, la luz en el Norte tiene una textura especial, el verde refleja unos matices inigualables y, en una tarde clara, la Ría es un lugar inmejorable para sentarse y observar. Un gran barco en los astilleros de Sestao, más allá, los montes, casi parece que los pudieras tocar con la mano.
No sé ya cuántas entradas debe de tener este blog con este título (o similares). Si en Bilbao se hace una cofradía del bollo de mantequilla prometo presentarme a cofrade mayor.