Poco después de amanecer, en el aeropuerto. Café con leche (café Aitona, ahí queda eso) y bollo de mantequilla.
Los días claros de mayo, la luz en el Norte tiene una textura especial, el verde refleja unos matices inigualables y, en una tarde clara, la Ría es un lugar inmejorable para sentarse y observar. Un gran barco en los astilleros de Sestao, más allá, los montes, casi parece que los pudieras tocar con la mano.

No sé ya cuántas entradas debe de tener este blog con este título (o similares). Si en Bilbao se hace una cofradía del bollo de mantequilla prometo presentarme a cofrade mayor.





Croissants proletarios
Y napolitana con aspiraciones. Primero, la napolitana (a mi me gusta mucho más el nombre pain au chocolat, pero bueno), con chocolate negro Lindt 85% de cacao.
Los croissants, hechos con harina del Mercadona, mantequilla del Mercadona, azúcar del Mercadona, y pincelados con huevo del Mercadona.
Vaya, que para ser más proletarios hubieran tenido que ser del Día o así. Pero ya me entiendo. Creo que la mantequilla es lo más flojo del conjunto. Aún así, con productos de andar por casa se pueden hacer cosas más que buenas.
Como alguien no lo remedie, el curso de este fin de semana de masas dulces puede ser el que, definitivamente y para siempre, consiga enterrarme. Menos mal que hace poco di un curso de brioche en la UPC y esa parte del taller la tengo fresca (y no tengo que andar de pruebas briocheras, gracias a Dios).
Desde que trabajo en casa, ya no tengo compañeros de trabajo cobayas a quienes atiborrar con mis pruebas para los talleres; así que hoy he comenzado con los vecinos. Próximos objetivos: Hussein, el bangladesí de la tienda de la esquina, y algún transeúnte desprevenido que se pasee por Sants.