Chez mon père.
Picando algo, tarde, antes de coger la carretera y volver a Barcelona.

Mi padre sigue cortando las vainas en dos longitudinalmente, como en su día lo hacían mis dos abuelas. Quitando los hilos exteriores y cociéndolas después con patatas hasta que el verde pierde brillo y adquieren un leve tono amarillento. Pequeños y delgados pedacitos de vaina que se desmontan en dos mitades con facilidad al hincarles el diente. Una se desliza sobre la otra dada la viscosidad de la parte interior de la vaina. No es raro que escape alguna pequeña habita. Un poco de aceite y una puntas de paletilla que había por ahí.
Diré la palabra: atavismo.






Chucrut con cerezas
Sí, ya sé.
Ayer comí chucrut y después comí cerezas. Las cerezas estaban muy ricas, carnosas, llenas de sabor, dulzor y acidez. Y se me ocurrió. Así que, a modo de ensaladapostre los junté, sin más. El resultado es muy sorprendente. La cereza queda bastante anulada por el chucrut, pero se nota un poco de su dulzor y su sabor, resulta que las dos se funden y (como en las cosas ricas) el resultado es distinto a la suma de las partes. Es simplemente una prueba, pero creo que puede dar mucho jugo, sobre todo en aliños para ensaladas o así. Me recordó bastante al salgam, una bebida turca fermentada que tomaba a menudo en Londres. De hecho, en ensaladas en sitios turcos no era raro encontrar aliños con base dulce (sirope de granada) y toques astringentes y ácidos (sumak o directamente un poco de salgam).
Sí.