Ya estoy aquí otra vez, con mis panes y mis historias.
La página ha cambiado, ahora tengo mi propia casita, www.tequedasacenar.com/ (lo cual es un farde)
Pero sigo con mis cosillas,

Con San Judas Tadeo entre los panes, y con la tibia luz de Londes llenando la cocina.

Horneando los panes de la primavera. En la imagen superior, un par de hogazas descansando en sus «bannetons», justo antes de entrar al horno.

Otra mañana de horneo en Londres. Un crumble de ruibarbo enfriándose al lado de una hogaza de espelta y dos hogazas de trigo con alforfón (trigo sarraceno). Estas últimas resultaron demasiado fuertes de sabor, casi incomestibles, la próxima vez usaré el alforfón con más mesura.






Marmite vs Marmite Guinness
Hace tiempo escribí sobre el Marmite, un producto britaniquísimo. A mi me gusta, no sé si lo amo/detesto como reza su eslogan, pero me gusta desayunarlo los domingos en tostadas de pan casero.
El otro día, dando un paseo por el supermecado como quien va por la sala de un museo conocido, admirando los cuadros que siempre te han gustado (tu Condesa Mathieu de Noailles, tus Lavanderas de Arles, tu Felipe II) me encontré esta edición especial de Marmite, hecha con Guinness. Leyendo la etiqueta ves que sólo contiene una parte de extracto de levadura de Guinness (40%), el resto es la habitual pasta marrón.
El Marmite es un concentrado hecho con extracto de levadura de cerveza (subproducto de la elaboración cervecera). No contiene alcohol en absoluto y en principio es apto para vegetarianos, aunque la cantidad de sal que lleva tendría que hacerle pensar a más de uno si merece la pena comerlo.
La verdad es que así, en “sutil cata sensorial” tampoco se nota demasiado la diferencia (basicamente el Marmite sabe salado cual Bovril), aunque afinando mucho, se puede decir que este Marmite de Guinness sabe más a tostado/quemado que el tradicional.