Aviso para navegantes panificadores…

…con amigos en el Reino Unido.

He hablado ya varias veces de Dan Lepard, el gran Dan Lepard. Cada fin de semana tiene una columna en el suplemento del periódico The Guardian con sus recetas de panadería y repostería. Pues bien, este sábado 24 de noviembre, y con caracter excepcional (one off, que le dice esta gente), el Guardian va a dar gratis un pequeño librito de 100 páginas sobre pan, realizado por Dan Lepard.

Autógrafo de Dan Lepard

Se trata de una delicia de guía con unas 50 recetas, desde cosas sencillitas hasta elaboraciones complejas que requieren varios días. Esta vez no lo ha fotografiado él mismo, sino el fotógrafo habitual de Gordon Ramsay. Además tiene colaboraciones de todo tipo, desde construcción de hornos hasta Neneh Cherry hablando de la panificación casera.

El Guardian se puede conseguir facilmente fuera del Reino Unido, pero no incluye los suplementos semanales, así que la única manera de hacerse con una copia es pedirle a algún amigo de allí que te compre el periódico (vale lo mismo que un café, así que no tienen excusa, además les podéis pagar en el futuro con una hogaza).

Yo admiro profundamente a Dan Lepard, ya que es quien más me ha infundido amor y respeto por el pan y las cosas bien hechas. Así que, desde aquí, os animo a que no os perdáis esta oportunidad. Si no podéis haceros con esta mini-guía, siempre podéis compraros mi libro favorito sobre pan, «The handmade loaf», nunca me canso de leerlo y recomendarlo. Además, su página web tiene mucha información interesante y un foro donde encontrar recetas, ayuda y más. Y no, Dan Lepard no me paga comisión, es mero agradecimiento.

Que no digan que no avisamos.

Publicada en British, Pan | 4 Comentarios

Hagelslag en Barcelona

Mi compañera de trabajo, Laurien, me ha traído una cosa que llevaba semanas anhelando: hagelslag.

Hagelslag, fideos de chocolate holandeses

Esparcir hagelslag (fideítos de chocolate) sobre una rebanada de pan con mantequilla es, directamente, estar en Holanda. Oír el tranvía que viene y cruzar Vondelpark en una Gazelle.

En la imagen se pueden ver dos rebanadas con hagelslag de chocolate negro, puur. También lo hay de chocolate con leche, melk, y versiones más modernas como sabor de frutas o hagelslag en lazos. La de la derecha es normal, la de la izquierda es nuevo, hagelslag XL, ambas de la marca Venz.

Aunque es un gusto adquirido, y suele chocar mucho la primera vez (a menudo por tontos prejuicios), es delicioso sentir el crujir de los fideítos de chocolate mezclándose con la mantequilla y el blando pan de molde. Un producto similar son los muisjes (ratoncitos) que se sirven para celebrar el nacimiento de un hijo: rosas si es niña, azul si es niño.

La rebanada de pan es una institución en Holanda, recibe el nombre boterham y es la base de una serie de clásicos neerlandeses que siempre sorprenden a la gente del sur. A ver si en las próximas semanas pongo algunas: el hagelslag, el sandwich de galletas de especias, speculaas, o muchas combinaciones con mantequilla de cacahuete, pindakaas (literalmente «queso de cacahuete»), a la que son muy aficionados los holandeses.

Estas guarradillas siempre me han hecho mucha gracia. Es curioso pensar que la gente siempre opina que la comida inglesa es mala y cochinota, y no dicen nada de la gastronomía holandesa, o sueca, o noruega, con la que comparte un gusto por los sabores agridulces y las combinaciones más arriesgadas. Imagino que, además de la gran diferencia de gustos que nos separa, será por prejuicios y desconocimiento. Yo no tengo problema, ¡a mi me gustan todas! …y estoy siempre deseando conocer cómo comen otras gentes.

Eet smakelijk!!

* Aviso importante: si quieres hagelslag, no lo intentes con tu botecito de fideos de chocolate de decoración pastelera, NO es lo mismo (luego no digan que no avisamos). Lo más fácil es ir a la tienda de un camping frecuentado por holandeses (en la Costa Brava, por ejemplo).

Publicada en Chocolate, Dulce, Guarradas | 10 Comentarios

El cuscús de los viernes en el Melilla

Esta semana he hecho algo que no había hecho nunca. He ido a comer al mismo sitio todos los días de la semana; al Melilla, una tasquilla marroquí cerca de Glories. Tenía media hora cada día, así que pensé que me iba a tener que conformar con un triste bocadillo, ya que la zona tampoco tiene demasiada oferta como para algo rápido y rico.

Pero, por azar, descubrí el Melilla. Lo frecuentan trabajadores árabes y algún cliente exótico, como yo. Por dos duros te dan cosas riquísimas como harira, tajine, pescados a la plancha (con su salsita), y los viernes dan cuscús.

Cuscús con té a la menta

Este es uno de esos rinconcitos que da gusto tener siempre a mano.

*Normalmente me gusta llevarme mi tuppercito al trabajo, porque es más rico y barato, pero esta semana he andado muy líado y sin tiempo para cocinar nada.

Publicada en Animal, Barcelona, ¿Vienes a cenar fuera? | 5 Comentarios

Crêpe à la cassonade – Toujours en France

Sin salir de Barcelone.

Ayer noche bajé del centro en bici, como a diario. Cogí Fontanella, luego pasé el por el Arco del Triunfo y, finalmente, cogí Dr. Trueta hasta el Poble Nou; pero aparecí en el norte de Francia, concretamente entre Lille y la frontera con Bélgica.

Crêpe a la cassonade

Llegué a un festín de crepes: crepes hechas con cerveza, crepes rellenas de queso de cabra con pasas (le faltaba la miel), crepes plegadas con un huevo dentro, crepes saladas, crepes dulces. Crepes, crêpes.

Pero hubo una crepe que me gustó más que ninguna, la «crêpe à la cassonade». La cassonade es un tipo de azúcar de remolacha que se produce en Bélgica, originalmente por la marca Graeffe. El aroma de este azúcar es único, sobre todo en esta preparación tan simple como maravillosa.

Yo soy muy aficionado a los azúcares con carácter, los muscovado oscuros que saben casi a regaliz, que son capaces de animar un vaso de leche o un postre por si solos. Este es otro de esos azúcares.

La cosa es sencilla: una vez la crepe está caliente, se echa un poco de mantequilla y luego una buena cucharada de cassonade que se funde formando (casi sin querer) un increíble caramelo. Al plegar la crepe, este caramelo de poderoso aroma llega a hojaldrarla. Otra opción es simplemente espolvorear el azúcar sobre la crepe caliente y plegarla: un, dos, tres. El azúcar se va colocando en capas, y el primer bocado es indescriptible. Otro de esos dulces sin chocolate ni historias: sencillo, bueno.

Azúcar cassonade de Graeffe

No sé qué hace a este azúcar tan especial, ¡pero el sabor al fundirse es tan acaramelado! También se puede tomar sobre una tosada al grill con mantequilla (como el niño en el paquete). Es una tartine simple y deliciosa.

Por lo que he averiguado, los franceses sienten la misma admiración por este producto belga como la que tienen en el norte de Alemania por las finas conservas danesas, o como la que yo recuerdo cuando íbamos, de pequeños, al otro lado de la frontera con Francia a comprar yogures y quesos.

Publicada en Dulce | 13 Comentarios

Panificando en España (Gallo y yo)

Lo bonito de cada sitio son las pequeñas cosas.

Pan Gallo

En cada sitio se panifica de una manera, por los condicionantes locales; ya sea por los materiales a tu disposición, las tradiciones o incluso las condiciones (de frío o calor) que te encuentres. Es «la belleza del sistema», que se dice ahora.

Por fin me encuentro panificando en España aunque, curiosamente, mi habilidad panificadora es extranjera. Atrás quedó Londres con su apabullante oferta harinera, ahora me descubro tratando de producir pan con lo que se encuentra por aquí.

Al lado de casa, en el Poble Nou, tengo la Cooperativa Cuscús, una bioecotiendachachiguay con un surtido de harinas de quitarse la boina, aunque a precios un tanto prohibitivos. Tienen, entre otras, harinas hechas por pequeños molinos tradicionales, buenos productos llenos de sabor.

Por otro lado, está Gallo.

Harina Gallo

Es la marca de harina más fácil de ver en la mayoría de los supermercados. Tienen varios tipos: la de repostería, la extra, la de la foto (en el paquete dice «harina de trigo», wow). El etiquetado no va muy allá, la verdad. No hay ninguna indicación de las características más destacadas del producto. Esto parece extraño porque se ve que han gastado tiempo y dinero en el empaquetado (no es algo sencillo y sin pretensiones, como estos paquetes comprados en el corazón de Europa).

La composición de la harina hace mucho más que afectar a la manera en que una hogaza «sube» (aquí se ve una curiosa comparación entre harinas). Por eso una de las labores de las harineras es mezclar harinas de diversos tipos y procedencias para ofrecer diversas posibilidades al panadero. Así que me encuentro en el proceso de etiquetar mentalmente las harinas a mi alcance.

Con esta «harina de trigo» hice la hogaza de la foto superior, mi pan estándar. El pan no ha quedado malo, pero es curiosa la textura «bollito» que tiene. Bastante masa madre, retardado una noche y al horno. En este caso no tuvo mucho tiempo para fermentar después de estar en la nevera, así que subió mucho en el horno; «oven spring», como lo llama Jack Lang en esta maravillosa página que nunca me canso de mirar

Normalmente, al retardar el pan en la nevera, los bichitos buenos de la masa madre van «degradando» la harina, oscureciéndola y dándole una textura más fuerte, rústica. De hecho, ese característico tono amarillento como de «pan de pueblo» se puede conseguir con harinas blancas como la nieve.

Según se retarda el pan por más tiempo, la miga de la hogaza final se va «agelatinando» (no sabría definirlo mejor). He hecho panes hasta con 3 noches de nevera y la «gelatinización» era más evidente, sin ganar mucho en sabor, la verdad. Esta harina Gallo me ha sorprendido por no comportarse como yo esperaba: no «gelatiniza», sino que «bollea» (en términos técnicos de haute-panadería, esto es) por lo que habrá que seguir haciendo pruebas.

Publicada en Pan, Tíoteorías | 7 Comentarios

¿Es malo el caqui?

La primera vez que vi un caqui debía de ser el año 1993, tal vez 1994. Fue en el Simago de la plaza Zabalburu de Bilbao. Entonces el Champion todavía se llamaba Simago, y seguro que aún había supermercados Vegé.

Caqui, Kaki, Persimonio
Caqui, Kaki, persimonio muy de cerquita

Pues desde hace 14 años el caqui y yo no habíamos coincidido. Me cuesta encontrar algún alimento (de nuestro entorno cultural más cercano, y soy bastante laxo en entornos culturales) que no me guste, pero ayer tuve una mala experiencia.

En lo gastronómico siempre me esfuerzo por ponerme en el lugar del otro; he sido adalid y defensor de grandes causas perdidas, como la fama de la comida británica en España o la de los quesos españoles en el extranjero. Es más, soy propenso a criar gustos adquiridos: «el roce hace el cariño».

Así que ando un tanto perplejo ante mi aventura con el persimonio (y mira que tiene unos nombres bonitos). He leído acerca de las diferentes variedades de caqui que existen, sobre los procesos que se siguen para que no sea un fruto astringente, y hasta sobre la denominación de origen de caqui española, pero no me puedo quitar de la cabeza el episodio vivido.

Desde el principio me dejó frío su sabor dulzón pero insulso; después llegó una ola de sensación alcalina, seguida de una desazón áspera, y culminó con pelusillas en las encías: algo terrible.

Me resisto a pensar que el caqui es así, y estoy convencido de que no he sabido apreciarlo de manera adecuada. Por eso estoy buscando a algún gran amante del caqui que pueda enseñarme cómo disfrutar de este bonito fruto.

De ahí mi pregunta: ¿Es el caqui malo?

Publicada en Guarradas, Verde | 34 Comentarios

Atascaburras con pimientos al pilpil – HEMC 16 Bacalao

Parece mentira, pero hace ya casi año y medio que participé en el primer HEMC (Hecho en mi cocina), el evento mensual de los blogs culinarios. Desde entonces, se me han ido pasando uno tras otro sin participar. Hoy vuelvo a la carga con una receta manchega, sencilla y mesetaria; el atascaburras.

Atascaburras

El atascaburras es un plato humilde y sencillo para los fríos de la meseta, un plato de esos que apetece comer con cuchara de madera y acompañado de un tinto masticable.

Se compone de un majado de ajos y aceite de oliva, al que se va añadiendo el bacalao desalado, ligeramente cocido, y las patatas cocidas. Se termina adornando con nueces y huevo cocido. Uno puede imaginarse fácilmente las condiciones en las que el ingenio cocineril de nuestros antecesores creó esta delicia. Por ser una receta canónica para el HEMC, no he añadido ni pimentón ni comino, alcaravea, azafrán u otras especias, a pesar de que puedo verlas perfectamente en la composición original de este plato.

Por un lado, tiene ese encanto de los platos pastoriles como las migas o el ajoarriero; platos surgidos en medio del camino, entre la necesidad y el ingenio. Por otro, en mi memoria de sabores, entronca con ese linaje de grandes y densos purés europeos, como el labskaus del norte de Alemania. Platos llenos de sabor con los que enfrentarse al trabajo en las más duras condiciones climáticas.

Para acompañar, hice una de mis guarniciones favoritas, pimientos del piquillo cocinados hasta sacarles un pilpil, como si fuera el mismísimo bacalao que compone el atascaburras.

Pimientos de piquillo al pilpil

Esta preparación la he conocido de toda la vida en casa. Se ponen a freír unos ajos y luego se echan los pimientos en tiras, se va cociendo los pimientos añadiendo agua y removiendo hasta que la mezcla se emulsione y cree el untoso pilpil. Es algo que hay que experimentar, porque la densa textura no puede ni imaginarse viendo solamente la foto. Al igual que para hacer el pilpil de bacalao, hay un truco muy sencillo, que va contra toda la lógica y tradición: poner a hervir la salsa a fuego máximo, haciendo que el hervor a borbotones ligue la emulsión por nosotros. Esto sólo tiene un peligro en el pilpil de bacalao, y es que con la evaporación y concentración de la salsa, la sal también puede concentrarse en exceso. En el pilpil de pimientos, por suerte, esto no sucede.

A modo de receta anárquica (para dos buenos pastores):

– Unas 5 patatas hermosas.
– Un buen tazón de bacalao desmigado (¿300-400 gr?). Esta receta tiene la ventaja de que las patatas absorberán con gusto el exceso de sal del bacalao, así que no hay por qué desalarlo en exceso.
– 2 huevos.
– Un puñado de nueces.
– 4 dientes de ajo.
– Bastante aceite (tal vez ronde los 200 cc, puede que más). Además se echa un poco al final como decoración. Ole.
– Sal a discreción.

* Para el plato de repetir, que siempre se repite, se puede echar pimentón (el plato no le hace ascos al picante) o comino molido.
** Durante años he hecho una versión «express» de este plato: pure de patatas de sobre, lata de atún, pimentón de la Vera. Si tienes kettle se hace en un minuto de cronómetro. Es nuestro «signature dish» (que dirían los finos) cuando vamos de camping, monte o cicloturismo, ya que es facilísimo de hacer y transportar. Un día de estos haré un post de gastronomía campingista, para añorar con gusto el verano, ahora que llegan los meses más oscuros y fríos.

Publicada en Pescado, Verde | 4 Comentarios