Diagonal abajo

La vida continúa en Barcelona, Diagonal abajo, a toda velocidad, hacia el mar.

Yuhiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii por Barcelona con mi Sparta

En casa (en una de mis casas!!) tengo un horno con ventilador y estoy experimentando con éxito esto de la convección. Debajo a la izquierda, un pan de trigo con una pizca de espelta que ha salido especialmente ligero. Lo retardé en la nevera una noche, y luego estuvo 5 horas fermentando en su banneton al aire del otoño barcelonés. A la derecha, medio pan que hice con una harina francesa de cinco cereales (con avena y arroz, lo flipas). Este ha quedado abizcochado y dulce.

Pan de trigo y espelta, y de cinco cereales
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El norte de Francia en Barcelona – un amour de fromage

No había ni mal tiempo ni luz plomiza, pero sí las buenas cosas del norte…en Barcelona como si fuera en Francia.

Quesos Maroilles y Boulette d'Avesnes con achicoria

Todo venido desde Lille, en avión, por correo, en mano. Las buenas cosas de la vida.

El de la derecha es queso Maroilles y tiene un aroma bestial, aunque luego no es tan fiero. Es realmente delicioso, una mezcla entre el Pont-l’evêque y el Époisses; ni tan cremoso como el uno, ni tan fuerte como el otro.

El queso de la izquierda es otro queso del norte de Francia, media Boulette d’Avesnes al diente de león. Tiene menos olor que el Maroilles pero con más pegada…casi recuerda al queso picón de Tresviso, de los Picos de Europa, pero el diente de león le da un toque anisado muy curioso. Es el mejor queso que he probado este año.

Los panes no son míos, son de una panadería organicaguaydelparaguay de Barcelona (que aún tengo que visitar), Barcelona Reykjavik. El más blanco es de kamut, el más oscuro de espelta. Éste último no estaba nada malo, la verdad.

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¡Ya tenemos chino!

Aquí, en el centro de Barcelona.

Sopa Won Ton

Un chino de verdad, donde van los chinos a comer. De hecho ,la última vez que fuimos…¡éramos los únicos no orientales! Tienen pasta casera e inmensos boles de sopas con enjundia. Yo soy fanático de la sopa de won ton, y esta es sin duda la mejor que me he tomado en España (además de ser baratísima, ¡sólo 2,50€!).

El menú es inmenso y no tiene nada que ver con la pésima calidad y el sota-caballo-rey de la mayoría de los chinos habituales por aquí.Hay cosas riquísimas y otras que necesitarán un poco de tiempo, como los intestinos de cerdo crujientes (por no entrar en detalles de toda la casquería que tienen allí.

Intestino de cerdo crujiente

El año pasado me apunté a clases mandarín y recuerdo que, cada vez que salía de clase, tenía que ir a cenar chino. Era algo superior a mí, como si Confucio, Mao Tse Tung y todo el KouMinTang al completo me empujaran a ello. Pensé que, una vez lejos de Londres, eso no podría volver a pasar…pero parece que ya puedo retomar el mandarín con tranquilidad. Tai hao le!

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Llegar de madrugada…

…y encontrar algo casero bajo un paño de cocina.

Panellets caseros

De noche, la casa está tranquila, las visitas duermen y los panellets esperan en el plato de metal. Los panellets no son (como diría un inglés) mi «taza de té»…vamos, que me gustan «conceptualmente»; o sea, su idea, su visión, sus ingredientes. Pero después de la autopista y la noche son una bienvenida inmejorable.

Y comerlos en silencio en la mesa del salón.

Ha empezado noviembre y sigo en la carretera, de aquí para allá, con mis cosas repartidas en casas a orillas del Cantábrico y del Mediterráneo. Así que disfruto de estas sensaciones, compartidas, fugaces: llegar de madrugada y encontrar un plato de comida casera.

O compartir unas tostadas de hígado de bacalao ahumado mientras se fríen unas patatas en grasa de pato; la ventana abierta y barcelona entrando por encima de los tejados.

Hígado de bacalao ahumado

Viviendo en Barcelona como si estuviéramos en el norte de Francia.

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Las bandejas

Ultimamente ando de aquí para allá, cocinando muy poco, comiendo muy mal, y viajando mucho por la carretera, visitando los lugares del pasado.

Bandejas de Caja Laboral

Las bandejas del pasado, con la superficie llena de antañazos, digo arañazos, y raspones; ligeramente oxidadas en los bordes.

Estas bandejas separándonos del pasado. Me imagino que, cuando las vi por primera vez, mis ideas sobre la vida y las cosas eran diferentes. El mundo era más pequeño entonces; se dividía en Caja Laboral y Caja de Ahorros de Vizcaya. Ahora tiene más lugares: Barcelona, Altona, Hilversum, Fonolleres.

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Lugares de peregrinación allá

Pero no hay que irse lejos para encontrar lugares fascinantes, auténticas mecas.

Lugares como el portal de Santos, en Torrelavega.

Pastelería Santos en Torrelavega

Por lo que he podido ver, no es muy conocido que en Torrelavega se hace uno de los mejores hojaldres (el mejor de los que yo he probado). Y, de hecho, hay muchos sitios allí que lo hacen excepcional, hasta existe una cofradía del hojaldre que cuida de que así sea. Sin embargo, para mi hay un lugar mágico, especial…el portal de la pastelería Santos (hay otra pastelería Santos que no está dentro de un portal, la originaria, según creo).

Se trata de un lugar «inconspicuo» según diría un inglés; tan sólo la continua salida de clientes con paquetitos amarillos la delata. Después de entrar unos metros en el portal (un auténtico portal, de una casa, vamos) se desciende una escalera que, emborrachándote de aroma a mantequilla, te lleva a un templo del hojaldre, donde puedes ver como hacen las polkas , los almendrados, los lazos, las tartas de moka, ahí, delante de tus ojos. Hace poco han puesto una manpara entre el mostrador y el obrador, como en la canción de Kiko Veneno (que no nos deja olernos) y la cosa ha perdido, pero aún así estoy seguro de que es uno de los recuerdos que me llevaré al otro barrio. El portal de Santos.

Hay también en Torrelavega, el reino de la mantequilla, otro sitio escondido al final de un callejón, un pequeño despacho que sirve los sobaos favoritos de mi familia y amigos allá, Casa Carral.

Casa Carral en Torrelavega

Los sobaos de Casa Carral no son los que más mantequilla tienen (para eso ya están los de El Macho), pero son excepcionales en su sencillez y en lo suave de su masa. Un día, charlando con la dependienta, me enteré de que los de tamaño grande llevan más cantidad de mantequilla en la masa, para que sean más jugosos. El problema es que al tomarte dos de los grandes, sin darte cuenta, te has comido 6 de los normales. También venden unas galletas de mantequilla míticas y quesada. Un lugar de peregrinación, Casa Carral.

Lugares sencillos, cotidianos, inconspicuos; lugares de peregrinación.

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Lugares de peregrinación aquí

Por fin estoy en Barcelona.

In Barcelona

Bueno, realmente hace días que estoy en Barcelona, pero he tenido problemas técnicos (técnicos de mi ignorancia acerca de WordPress y familia) que me han impedido contar mis cosillas por aquí últimamente. Una vez medioapañao el tema (y mientras preparo mi nuevo blog), os invito a tomar una leche merengada en El Tío Ché, aquí mismo en el Poble Nou.

Leche merengada de El Tío Che en el Poble Nou

O un chocolate con churros en la Xurreria Rosita, en Mataró. Allí sí que saben hacerlos, son ligeros y crujientes, ¡y no les echan azúcar!… te la pones tú en la mesa si quieres. Un lugar digno de peregrinación.

Xurreria Rosita en Mataró

Casi sin saberlo, desde que he vuelto de Londres me siento atraído por cosas sencillas y tradicionales, muchas de ellas procedentes de otro tiempo. La horchata, la leche merengada, los barquillos, los churros. Hace tiempo que desarrolle una teoría doble, que vale tanto para el mundo de lo dulce como para el de lo salado, algo así como «el axioma del chocolate y el queso». Mi idea fundamental es que el chocolate (siendo algo maravilloso que adoro) ha destrozado la dulcería y la repostería. Cualquier mal producto se envuelve en chocolate para disimular la falta de maestría o la baja calidad de los ingredientes. Según pasan los años, los mostradores de pastelerías van perdiendo en variedad (cada pocos años muere una vieja especialidad que ya nadie pide), y cualquier producto es susceptible de ser chocolatado (por baño, relleno, cobertura, etc).

Por supuesto los gustos van y vienen; ahora no comemos las cosas que fascinaban en el S.XIV, y no por capacidad y poder de disponer de cualquier alimento, sino por mero cambio de costumbres y modas. Siendo esto algo normal, me da mucha pena. Creo que, de alguna manera, el gusto se está haciendo cada vez más tosco, sólo saciable con sabores que lo llenen, como el chocolate; la canela, el limón o el cabello de ángel lloran su triste canción. (El clavo y el agua de azahar hacen los coros).

Todo lo dicho arriba vale para la invasión del queso. Soy un amante del queso, un verdadero loco del lácteo, pero me apena ver como la falta de imaginación se suple con queso: fundido, en daditos, en polvo, algo terrible para la diversidad de la gastronomía, una plasta que va reduciendo la variedad de sabores y la sutileza o sencillez de muchas preparaciones. (El día que vea un bacalao al ajo arriero con gratinado de queso tal vez sea el día que lo deje todo y me decida a hacer la revolución.)

Pienso todas estas cosas mientras bajamos a diario al Tío Che a tomar leche merengada…ese sabor que es la base de tantos postres de toda la vida… cosas humildes y sin demasiadas pretensiones como el arroz con leche, las natillas, las torrijas…cosas que perviven de un tiempo anterior, antes de que la abundancia del chocolate lo embadurnara todo. Cuando disfruto con estas cosas, sencillas en su preparación, pienso cómo la comida tiene una capacidad obvia, la de descubrirnos otros lugares y transportarnos allí. Pero puede hacer algo aún más increíble: llevarnos a otro tiempo cuchara en mano.

* En El Tío Che dan cosas increíbles, como granizado de cebada, o combinaciones de los refrescos más tradicionales, que dan curiosas mezclas, como el «Mig i Mig» o el Cordial.

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