Sigo con mucha atención el blog Nami Nami y he tenido la suerte de intercambiar algún email con Pille. Siempre pone cosas ricas, muchas veces de comida de Estonia, de hecho, tiene una gran página al respecto, pero en estonio (!). Además, normalmente acompaña sus recetas de preciosas historias. Hace poco han llamado mi atención unas gachas agrias de avena (que haré cuando pasen los calores) y esta ensalada de pepino. Esta preparada para que el pepino no quede crujiente, sino sedoso y blandito.

Esta es también una ensalada especial porque usé el primer pepino de la cosecha, de sabor y olor indescriptible. Siempre que tomas un tomate de huerta, casero, el sabor te recuerda lo mala que es la verdura que muchas veces compramos en los supermercados; últimamente me está pasando lo mismo con el pepino. He tenido la suerte de toparme con unos señores pepinos, con un aroma fantástico, y un sabor muy profundo.
Por si fuera poco, la ensalada la preparé en uno de los táper que más me gusta. Es metálico, esmaltado, tiene tapa de plástico y por fuera marchan frutas y verduras en una comitiva graciosísima. Debajo de cada verdurita se puede leer su nombre en japonés: kabu-kabu, tormasu, kysuke, ichigo…







Recuit Nuri de Ullastret
Otro pariente de la familia del mató. El recuit viene envuelto en una gasita, empapada del suero, y abrirlo es un pequeño ritual que anticipa el placer de degustar este pequeño tesoro.
Una vez liberado de su envoltorio, el recuit es muy blandito. Es un requesoncito cremosísimo, con un sabor limpio a leche y nata. Este era de cabra y la intensidad del sabor era la justa; en seguida notabas que no era de vaca, pero tampoco era fortísimo: combinaba de maravilla con la miel (lástima que la miel no estuviera a la altura).