Olivas y pan marroquí de la tienda de la esquina. In de terraz…

No sé yo cómo llevarían en Marruecos la cervezota rica. Bueno, seguramente la llevarían muy bien, claro.
Olivas y pan marroquí de la tienda de la esquina. In de terraz…

No sé yo cómo llevarían en Marruecos la cervezota rica. Bueno, seguramente la llevarían muy bien, claro.
Hay días raros en la vida.
Ayer estaba trabajando y buceé en el congelador para escarbarme algo que comer. Encontré un bote desconocido.

Resultó ser boloñesa congelada.
Por la tarde prosiguieron mis pesquisas en la nevera y, con asombro, encontré esto.

Nunca he entendido la obsesión por hacer cosas que no son lo que son, práctica habitual en la cocina moderrrrrna y en muchas elaboraciones para vegetarianos y productos con «finalidades especiales» (me hace gracia el nombre «alimento funcional»), como por ejemplo los productos para dietas de adelgazamiento. Conste que, hace más de 15 años, fui vegetariano. Pero ni siquiera entonces me seducía la idea de la soja texturizada (la idea de la soja en sí sigue sin seducirme), los filetes vegetales o las salchichas de mentira que intentan imitar a salchichas de Frankfurt. Me encanta probar cosas, todas, de hecho me encantan las guarradas (desde el comienzo de este blog, hace más de 6 años, hay una categoría llamada Guarradas, donde muestro mi veneración por lo que el amigo Robin Food ha elevado con el tiempo a la categoría sagrada de Guarrindongadas), pero, no sé, no le veo sentido a algunas cosas. Vaya, que estaban asquerosas.

Suerte que había chucrut casero y que al puré le puse cebolla de esa tostada tan cerdita.
Restos de la cena vegana del otro día.

Las hamburguesas tenían copos de avena y almendras, e iban aliñadas con bien de cilantro y jengibre frescos, ajo y curry. Las berenjenas van con bien de cebolla y ajo, no menos bien de pimentón de Murcia y sriracha. Ñakañaka. Como ya no había veganos a la mesa, hoy les he puesto un poco de queso de oveja por encima.
Sólo hay una cosa que me quite el hambre; es el calor.


El pan va con tomate, la locura total. Eso sí, llevo unos meses ya con una adicción bastante severa a la sriracha.
No quiero ni imaginar qué va a ser de mí este agosto; tengo que llamar a la embajada noruega, a ver si me dan asilo político o algo.
*Palta. Me encanta la palabra «palta».
** Eso es pan comprado hace seis días en Bailo.
Con ajo, limón, berenjena y pimiento.

Jueves, menú, paella, sardinas, helado.
El discreto encanto de Hospitalet.
The Loaf in a box
Este verano voy a participar en una iniciativa panadera muy especial: The Loaf in a box.
Otra iniciativa de los chicos más salseros y glotones.
The Loaf es una panadería temporal (de esto que le dicen pop-up), estará abierta tres meses, julio, agosto y septiembre de 2012 en San Sebastián. Dan Lepard será el panadero (sí, hará pan; no será el «director creativo» ni el «alma» ni mandangas… hará pan, estará amasando, formando y horneando). Yo estaré de apoyo y le sustituiré en un momento dado en que él tiene que ausentarse. Los panes que se hagan serán san sencillos como buenos. Podéis ver una pequeña declaración de intenciones en la web de The Loaf.
Pero eso es sólo el principio. Lo que se pretende es que The Loaf sea un punto de encuentro de panaderos y amantes del pan; ya hay panaderos, cocineros, molineros de toda España que quieren colaborar con el proyecto, irán a The Loaf a dar cursos, charlas, a compartir. Tal vez esa sea la palabra, el intercambio. Serán unos meses de hablar, compartir y aprender. Todo el mundo que ame el pan está invitado a colaborar.