
Me encanta el ruibarbo. Es una verdura que recuerda al cardo, o incluso el apio, pero tiene un sabor agridulce característico que lo hace muy típico en postres centroeuropeos. Aquí en Inglaterra también se usa mucho en crumbles y pasteles (en otro post).
Esta vez me lo bebí; hecho con un concentrado de zumo que me traje de Suecia. Es como un zumo conentrado azucarado que se disuelve en agua (en proporción 1/6). Yo lo he preparado siguiendo una idea que aprendí en Alemania, los Schorle, bebidas reducidas con agua con gas. A mi me encanta el de zumo de manzana o Apfelschorle, pero lo hacen con cualquier bebida.







Pan «à l’ancienne»
Este pan lo he hecho siguiendo una receta del fantástico libro «The Bread Baker´s Apprentice» de Peter Reinhardt. La química detrás de la receta es una idea sencilla pero revolucionaria. Se hace con levadura comercial, y se mezcla con harina, agua y sal; pero el agua tiene que estar casi helada (agua de nevera con hielos). Se amasa y rapidamente se mete un día en la nevera. De esta manera, al día siguiente, cuando sacas la masa del frigorífico, y la levadura «despierta» y comienza a hacer su trabajo, se encuentra rodeada de los azúcares de la harina que no estaban allí el día anterior. Como resultado, al meter el pan al horno, la masa contiene aún muchos azúcares así que el aroma, el sabor y el color son maravillosos. El aroma es el más sobresaliente que he conseguido horneando durante un año en casa, y eso que mi horno no consigue la temperatura necesaria para este pan. Porque es una masa muy líquida y se comporta casi como una ciabatta o una focaccia.
Este es un primer intento, más que satisfactorio, pero seguiré por esta vía hasta alcanzar la baguette à l’ancienne perfecta. Por cierto, es 100% biológico, pero lo hice casi sin darme cuenta.