

Al otro lado de la ciudad, sobre la hierba, en un día caluroso.
El otro día tuvimos una comida especial en la oficina. Cada uno llevo algo típico de su país para que los demás lo probaran.

Todo empezó con un delicioso Makowiec con el primer té de la mañana. Un pastel polaco de semillas de amapola. En este caso es como un brazo de gitano, aunque puede variar. Es sabor almendrado de estas semillas es indescriptible. Verdaderamente los polacos tienen buen gusto para los postres.

A la hora del almuerzo hubo de todo. Como somos dos españoles había tortilla de patata, gazpacho, ensaladas de tomate y pimientos asados. Pero claro, son normalmente los productos ajenos los que te llaman más la atención. Como los kavanos (salchichoncitos ahumandos) y pan polaco de centeno y ciruelas.

Finísimos, deliciosos sandwiches ingleses como los que toma la reina en palacio. De pepino y mantequilla, y de marmite y mantequilla.

Yo llevé varios panes; una chapata y un pan agrio de centeno hecho con vinagre de pepinillos. No faltaba con que acompañar el pan, la verdad. Había queso de oveja ahumado «Oscypek» de las montañas Tatra, con un sabor penetrante.

Y también había postres especiales. Una receta del oeste de Inglaterra, los Devonshire Splits, una masa fermentada y dulce con un toque de canela. Se toman, igual que los scones, con clotted cream y mermelada para un delicioso cream tea.

Cuando ya no podía comer más, aun quedaba espacio para una fresa bañada en chocolate.

Huevos y pimientos fritos. Mucho que untar, pan casero malteado con comino.

Digestivo, contiene un saquito de dos gramos.
Industria argentina.

Un pan típico que es a la vez una marca comercial. Lo he hecho con harina Granary (con malta y granos) y levadura de acción rápida.
La textura es fanástica, de hecho, parece mentira que esté hecho en casa, tan esponjoso; el aroma es indescriptible, gracias a la malta (el summum al tostarse); y el aspecto es formidable… no obstante, no me convence. Creo que se nota demasiado que la harina lleva muchos aditivos. Además, la levadura instantanea que uso (Hovis) también va cargada de mejorantes.
Bollería china
Cuando comes en restaurantes chinos, parece como si los chinos no tuvieran una gran tradición de postres. No obstante, eso no significa que no tengan dulces. En Chinatown hay varias pastelerías, lugares maravillosos que merecen una visita. Puedes tomar un té o un pudin de soja (dulce o salado) y acompañarlo con sus deliciosos bollos. En la imagen superior, dos bollos de cerdo a la barcacoa (el plato de arriba) y pastelito de sesamo relleno de loto. En el plato de debajo, bollo de cebolleta, bollo de salchicha y pastelito de sesamo relleno de loto.
Imagino que la masa tipo «suizo» será herencia occidental, aunque la verdad es que la hacen deliciosa. Tiene una miga densa y rica, casi como un panetone. Y sus combinaciones dulce/salado son fascinantes. En el plato se puede ver un bollo de cebolleta (con algún trozo de bacon aquí y allá); un pastelito de sesamo relleno de loto (una masa gelatinosa con un relleno similar al dulce de leche, pero más exótico); y un bollo de salchicha, asombrosamente bueno.
Aunque, sin lugar a dudas, el favorito es el bollo de cerdo a la barbacoa (a la derecha). Está relleno de buenos trozos de jugoso cerdo marinado con ese toque rojizo y dulzón (adivino anís estrellado entre otras especias). El bollo de salchicha (izquierda) es sorprendentemente rico, incluso familiar, ya que muchos panecillos de hot-dog no son sino bollos, y de muchísima peor calidad.
Todos los bollos vienen con un pequeño papelito de hornear redondo en la base (arriba, sobre los dos bollos) como si fuera una madalena, muy curioso.