Hace tiempo escribí sobre el Marmite, un producto britaniquísimo. A mi me gusta, no sé si lo amo/detesto como reza su eslogan, pero me gusta desayunarlo los domingos en tostadas de pan casero.

El otro día, dando un paseo por el supermecado como quien va por la sala de un museo conocido, admirando los cuadros que siempre te han gustado (tu Condesa Mathieu de Noailles, tus Lavanderas de Arles, tu Felipe II) me encontré esta edición especial de Marmite, hecha con Guinness. Leyendo la etiqueta ves que sólo contiene una parte de extracto de levadura de Guinness (40%), el resto es la habitual pasta marrón.
El Marmite es un concentrado hecho con extracto de levadura de cerveza (subproducto de la elaboración cervecera). No contiene alcohol en absoluto y en principio es apto para vegetarianos, aunque la cantidad de sal que lleva tendría que hacerle pensar a más de uno si merece la pena comerlo.
La verdad es que así, en “sutil cata sensorial” tampoco se nota demasiado la diferencia (basicamente el Marmite sabe salado cual Bovril), aunque afinando mucho, se puede decir que este Marmite de Guinness sabe más a tostado/quemado que el tradicional.








Cordero con patatas nuevas
Inglaterra es un país de grandes patatas, aunque muchas son muy pequeñas. Yo siempre he sido un amante patatero, y hace ya tiempo que empezó mi romance con las de esta isla.
En la imagen, un asadito de cordero inglés reposa al sol vespertino de inicios de junio en Londres. La pieza está apoyada en una deliciosa cama de patatas nuevas.
Las patatas más pequeñas son las famosas Jersey Royals, una patata con denominación de origen protegida por la UE. La verdad es que son ricas y suaves, pero no me parecieron nada especial. Eso sí, son graciosas por el tamaño que tienen, y te las comes de un bocado. Normalmente se suelen preparar cocidas (quedan más ricas), asarlas no es tan común.
Las patatas más grandes fueron las verdaderas protagonistas de la cena, patatas nuevas de Norfolk, una auténtica delicia, se deshacen en la boca con una cremosidad increíble. Tienen una carne blanquísima y no son en absoluto granulosas, es más como si el campesino, allá en Norfolk, hubiera rellenado cuidadosamente cada patata con un suave puré, amazing.