
Para comerlos, que están en sazón.
En Barcelona llueve. Compré en la tienda rusa una panceta muy cañera ahumada en caliente; perfecta para una sopa de brécol. Apenas llevaba nada más: patatas, pimienta y un sí es no es de hinojo.

Estaba buena. Pero entonces…

…fue cuando sacamos la smetana, de Letonia en este caso.

Ahora es cuando estaba realmente cojonuda.
Están aromatizadas a la mantequilla, tal vez de la misma manera que las palomitas de maiz aromatizadas a la mantequilla.

Коровка, la vaquita. También las hay de chocolate.
Con muchísimo ajo, azafrán y pimientos asados en casa (incluido el juguito que sueltan).

Comería arroz todos los días. Y después lo cenaría; lo mismo arroz blanco con salsa de soja, que arroces cremosos y sabrosísimos como este.
Regaliz de palo
Hace unos 20 años que no tomaba regaliz de palo.
Recuerdo que en 7º de EGB el profesor de matemáticas daba regaliz de palo como premio a los buenos alumnos. Yo siempre he sido un estudiante nefasto, sobre todo en matemáticas, así que me tenía que contentar con la generosidad de mis compañeros de entonces: Luis, Iñaki, Gemma. Acabada la EGB, cambié de colegio y allí quedaron los compañeros y el regaliz de palo; hasta hoy.
Han tenido que pasar 20 años para que me volviese a llenar la boca con los hilachos dulzones de esta raíz. Otro pequeño ladrillito para mi teoría de cómo Barcelona es un sitio que anhela los extremos confines; es un lugar muy castizo y tradicional, pero con grandes ansias de modernidad. Aquí el regaliz se ve por todas partes, no es raro ver a gente por la calle rechupeteando el último trocito de palo dulce.