Kimchi (y comida coreana)

Estos días ando metido en un excitante trueque. Clases de cocina coreana por clases de pan. Así que estoy aprendiendo a hacer uno de los pilares de la comida coreana, el kimchi* (bueno, por el momento sólo corto y pico)

Kimchi kochori
Hay muchos tipos de kimchi, muchos son un fermentado de col con nabos, con un aliño muy sabroso, hecho con una variedad de ingredientes casi infinita. Puede ir desde una pasta roja más o menos elaborada y picante; y llegar a contener variadísimos ingredientes, distintos tipos de pescado, marisco y hasta ostras, como acompañamiento a las verduras fermentadas.

El kimchi es la guarnición con la que acompañan todas las comidas (el kimchi es a un coreano lo que un mate y un termo a un argentino o uruguayo). El de la imagen es kochori, un kimchi de verano que no va fermentado. Se hace con col china, pimentón picante coreano y pequeñas cantidades de aromáticos ingredientes; desde el aceite coreano de sésamo tostado, hasta camarones en salazón, miel, salsa de pescado o un puré glutinoso de arroz; algo increíble.

El kimchi se picotea a lo largo de la comida. Entre el arroz, la sopa, la carne, la tortilla.

Sopa coreana de algas
Carne salteada coreana
Sam

En las tres imágenes superiores:
Miyokuk, sopa clara de algas, con ajo, cebolla y mejillones.
Pulkoki, carne salteada con salsa de soja y pera.
Sam, la manera de comer la carne y el arroz enrollado en una hoja de lechuga. La carne tiene un poco de aderezo de soja y ciruela.

*A mí, así oída, la palabra me suena más a gimchi que a kimchi, cosas de las transcripciones fonéticas.

Publicada en Animal, Tíoteorías, Verde | 39 Comentarios

Primer encuentro de panarras de Barcelona

Otro servicio de utilidad pública de ¿Te quedas a cenar?

Después de hablar con panaderos caseros y panarras de todo tipo (en talleres de pan, por email, en comidas y conciertos, etc.), propongo organizar el Primer encuentro de panarras de Barcelona*.

Por ahora es tan sólo una idea por definir. La cuestión sería juntarnos un día para tomar algo y hablar de nuestras cuitas panaderas: compartir experiencias, chascos, frustraciones y éxitos alrededor de una rebanada de pan (incluso puede ser con tomate). Yo me comprometo a poner el pan; ya sólo nos queda encontrar fecha y sitio.

Pan dulce de centeno

Por supuesto, cualquier sugerencia será bien recibida. Como sé que últimamente los comentarios del blog están un poco fallones, me podéis escribir a tequedasacenar@gmail.com. Estaría bien organizarlo antes de que llegue el verano, tal vez a finales de junio. Podríamos dejar un par de semanas para que se apunte quien quiera, y luego, una vez conformado el grupo y visto el tamaño, decidir el lugar, fecha y hora del encuentro.

* También es bienvenida la gente de otros sitios, como el Vallés, conocido por todos como auténtico corazón panadero de la región.
** La imagen es de un pan dulce de centeno con cardamomo, anís y naranja, que preparamos en el taller de panes especiados.

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Pan con pan viejo

Altes brot, el pan caníbal.

Pan con pan viejo

De los muchos modos de fermentar pan que hay, el que más me gusta es usar una madre de fermento natural, obtenido de manera espontánea del entorno; comer de tu tierra, de tu aire. Encuentro que esto conlleva una infinita belleza; el hecho de que un pequeño trozo de masa te proporcione hogazas y hogazas a lo largo de los años, siempre de la misma raíz, pero adaptándose a los tipos de harina, a las estaciones, a las diferentes aguas, etc. Me parece una lección y una metáfora vital. También fermentando con levadura comercial se puede coger un trozo de masa vieja, de la anterior hornada, y usarla para elaborar un pan nuevo, para mejorar así el pan e intentar insuflarle vida y sabor.

No obstante, hay increíbles métodos de conseguir meter un poco de vida en una hogaza; incluso después de la muerte (del pan, se entiende): el Altes Brot/Altus (pan viejo). Últimamente estoy probando a usar esta técnica proveniente de las mejores tradiciones panaderas de la vieja Europa: la alemana, la judía, la rusa. Se machaca pan viejo, duro, y se remoja en agua para, una vez escurrido, añadirlo a la masa con el resto de los ingredientes: un pan hecho con pan; un pan caníbal.

El pan viejo funciona especialmente bien con pan de centeno, pero también en panes claros de trigo es usado desde antaño para dar sabor, humedad a la miga y mejor textura. En la imagen, dos hogazas de la misma masa, una hecha con pan viejo. La que tiene pan viejo huele un poco más oscura, y es un poco más húmeda (sin ser gelatinosa).

*Sí, últimamente le estoy dando al hagelslag cosa fina, hay varias tiendas en Barcelona donde lo venden.

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Pollo sabático y pollo dominical

Hace meses que estamos intentando instaurar el pollito dominical, esa institución; un lugar en la mesa y el alma.

Los pollitos sabáticos, cuando doy talleres en Bons Focs (maravilloso, bajo la parra a estas alturas de año), son una gran inspiración.

Pollito en Bons Focs

El domingo, otro pollito al tomillo con la puerta del balcón abierta al Poble Nou.

Pollito dominical

Un ala, para morder y no dejar ni el hueso, un poco de pechuga y el bocadito de la reina (le très doux et croquant cul du poulet, así en fino).

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Quesos de Ascain y vino del Penedés

Otro capítulo de la conexión «Pan y Bach«. Unos quesos de oveja y vaca de quitar el hipo. Son tal cual parecen que van a ser; sabrosos, soberbios. El pedacito de azul obtiene su vena azul de manera natural (no lo fuerzan por inyección, como en otros quesos azules) y era el último trozo que les quedaba, así que nos lo regalaron (un señor encantador con una boina enorme).

Quesos de Ascain
Sang de Drac

Los quesos, de lo profundo del País Vasco francés, los conseguimos curiosamente en la «XII Fira del pa, el blat i la farina de Castelló d’Ampúries». El vino es algo muy especial, un regalo numerado, de una pequeña producción ecológica en Font-rubí.

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Baozi especiados (bollitos chinos al vapor)

La masa de bollito chino, baozi, hecha con una harina finísima, almidonosa, me parece muy versátil, como un lienzo en blanco. Se puede rellenar de cosas sabrosas (como hacen tradicionalmente en Asia) y untarlo en más salsitas sabrosas. Pero también se puede jugar a aromatizar su suave miga, con resultados para todos los gustos. Para el curso de panes especiados del sábado, preparé tres tipos muy sencillos y rápidos. En salado preparé unos de tomillo rellenos de parmesano (el blanco con pintas); y en dulce unos de cardamomo con infusión de azafrán en lugar de agua, y otros de canela con clavo, rellenos de nueces (usé azúcar negro de melaza para dar dulzor y color).

Baozi especiados
Baozi especiados
Baozi especiados

Por lo que vi en los talleres del sábado, el que mas gustó es el de tomillo y parmesano (la verdad es que está bastante bueno), lo veo perfectamente untado en un poco de tomate rallado con una gota de tabasco, bien fresco. A mí el que me parece más sofisticado y sutil es el de cardamomo y azafrán. Me imagino tomándolo bien caliente en el jardín de una casa de indiano, mientras el servicio me trae una taza de Darjeeling para ver languidecer placidamente la tarde.

Con tanto bollo chino, el sábado me entraron unas ganas terribles de jiaozi y xiaolongbao, así que me fui de chino y acabé comiendo unos conejitos de bollo (tutsebao*, en transcripción libre).

Conejitos de pan

Estos estaban rellenos de pasta dulce de judías rojas.
*El pão portugués siempre está presente en estos panes cocidos de asia, como una bella herencia; ya sea el siopao filipino o en el baozi chino.

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Pan de maíz y trigo

Con harina vizcaína de maíz, de Gamiz. Me la dio David la semana pasada, y tenía muchas ganas de ponerme con ella. Es una harina dulcísima y húmeda; llena de vida, sabor y muy aromática.

Pan de maíz y trigo

Me hace gracia panificar en Barcelona con una harina que viene de uno de los últimos molinos del corazón de Vizcaya, por donde tantas veces he pasado en bicicleta.
Para este primer pan he usado mitad de maíz y mitad de trigo, y una «gran tasa de hidratación» (que dirían los finos), sobre el 79%; hay que ver lo que chupa este maíz. Con esa cantidad de agua, si fuera trigo, harías una gran chapata, pero esta harina de maíz da para una hogaza rústica con una alveolatura sorprendente (teniendo en cuenta lo «tocho» que resulta el maíz). Lo elaboré con masa madre de trigo (¡que ya ha cumplido cuatro años!), agua y sal. El sabor a maíz es muy potente; sabe nítidamente a talo, y luego a «kikos«, ya que la masa madre le da un toque acidulado que aún hace resaltar más el dulzor del maíz.

Con mantequilla y a vivir (aunque tiene que estar riquísimo para untar algo agridulce, como una salsa de tomate picante o un curry). Lo próximo con esta harina es una masa en dulce, elaborada con matequilla, algo así como un pan de sobao pasiego; tiene que ser bestial.

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