Cervecera

Cantábrico.
Con tomate picado, albahaca, mostaza y una pizca de tabasco

Me encanta la palabra alemana Auflauf.
Este sin huevo.

Recuerdo que una vez en un restaurante me sirvieron una huerta, en un plato rectangular. Había un sustrato negro comestible en el que pequeñas verduras imitaban estar plantadas, y te vaporizaban aroma de huerta de un bote de perfume; en fin.
Listas para fermentar y que puedan luego calentar el invierno.

Algunas con ajo, otras con «madre» (pedacitos de zanahoria o pimiento rojo, ya fermentados). Al de un día ya empieza a salir alguna burbujita.
Guindillas del mismo Bilbao.
Fácil. Una prueba del otro día con destino al bosque de Lasartewood.


Con tres premisas esenciales: sin amasado, sin piedra de hornear y con harina de supermercado. En breve en la tele.
Esta lleva un poco de sémola de trigo duro, como le gusta a mi amigo Javier Marca.
Sopa de escaramujo, nyponsoppa
Desde que Anders me dio nyponsoppa en Suecia, tenía ganas de que llegara el momento de los frutos silvestres.
Sopa de escaramujo casera, con frutos de los Pirineos: es ligeramente ácida, sabe a bosque y reconforta. Escaramujos, pizca de canela, azúcar y nata montada. Todas las recetas que vi (incluída la de Tore Wretman que seguí) incluían un poco de almidón de patata para engordar la sopa. En mi caso, tras pasar los escaramujos por el chino, se creó una crema espesa, que se agrupaba en una especie de coágulos densos, así que sospecho que este fruto tiene bien de pectina o alguna otra sustancia con propiedades similares.
Con los escaramujos que sobraron hice una especie de rosario frutal, con la intención de que se sequen y poder utilizarlos a lo largo del invierno, en sopa o en infusión, aunque realmente estoy deseando ir otra vez al bosque a recoger más frutos y hacer una mermelada de escaramujos untosa y ácida.