El otro día tuvimos una comida especial en la oficina. Cada uno llevo algo típico de su país para que los demás lo probaran.

Todo empezó con un delicioso Makowiec con el primer té de la mañana. Un pastel polaco de semillas de amapola. En este caso es como un brazo de gitano, aunque puede variar. Es sabor almendrado de estas semillas es indescriptible. Verdaderamente los polacos tienen buen gusto para los postres.

A la hora del almuerzo hubo de todo. Como somos dos españoles había tortilla de patata, gazpacho, ensaladas de tomate y pimientos asados. Pero claro, son normalmente los productos ajenos los que te llaman más la atención. Como los kavanos (salchichoncitos ahumandos) y pan polaco de centeno y ciruelas.

Finísimos, deliciosos sandwiches ingleses como los que toma la reina en palacio. De pepino y mantequilla, y de marmite y mantequilla.

Yo llevé varios panes; una chapata y un pan agrio de centeno hecho con vinagre de pepinillos. No faltaba con que acompañar el pan, la verdad. Había queso de oveja ahumado «Oscypek» de las montañas Tatra, con un sabor penetrante.

Y también había postres especiales. Una receta del oeste de Inglaterra, los Devonshire Splits, una masa fermentada y dulce con un toque de canela. Se toman, igual que los scones, con clotted cream y mermelada para un delicioso cream tea.

Cuando ya no podía comer más, aun quedaba espacio para una fresa bañada en chocolate.







Barbacoa en el jardín
Al otro lado de la ciudad, sobre la hierba, en un día caluroso.