Atascaburras con pimientos al pilpil – HEMC 16 Bacalao

Parece mentira, pero hace ya casi año y medio que participé en el primer HEMC (Hecho en mi cocina), el evento mensual de los blogs culinarios. Desde entonces, se me han ido pasando uno tras otro sin participar. Hoy vuelvo a la carga con una receta manchega, sencilla y mesetaria; el atascaburras.

Atascaburras

El atascaburras es un plato humilde y sencillo para los fríos de la meseta, un plato de esos que apetece comer con cuchara de madera y acompañado de un tinto masticable.

Se compone de un majado de ajos y aceite de oliva, al que se va añadiendo el bacalao desalado, ligeramente cocido, y las patatas cocidas. Se termina adornando con nueces y huevo cocido. Uno puede imaginarse fácilmente las condiciones en las que el ingenio cocineril de nuestros antecesores creó esta delicia. Por ser una receta canónica para el HEMC, no he añadido ni pimentón ni comino, alcaravea, azafrán u otras especias, a pesar de que puedo verlas perfectamente en la composición original de este plato.

Por un lado, tiene ese encanto de los platos pastoriles como las migas o el ajoarriero; platos surgidos en medio del camino, entre la necesidad y el ingenio. Por otro, en mi memoria de sabores, entronca con ese linaje de grandes y densos purés europeos, como el labskaus del norte de Alemania. Platos llenos de sabor con los que enfrentarse al trabajo en las más duras condiciones climáticas.

Para acompañar, hice una de mis guarniciones favoritas, pimientos del piquillo cocinados hasta sacarles un pilpil, como si fuera el mismísimo bacalao que compone el atascaburras.

Pimientos de piquillo al pilpil

Esta preparación la he conocido de toda la vida en casa. Se ponen a freír unos ajos y luego se echan los pimientos en tiras, se va cociendo los pimientos añadiendo agua y removiendo hasta que la mezcla se emulsione y cree el untoso pilpil. Es algo que hay que experimentar, porque la densa textura no puede ni imaginarse viendo solamente la foto. Al igual que para hacer el pilpil de bacalao, hay un truco muy sencillo, que va contra toda la lógica y tradición: poner a hervir la salsa a fuego máximo, haciendo que el hervor a borbotones ligue la emulsión por nosotros. Esto sólo tiene un peligro en el pilpil de bacalao, y es que con la evaporación y concentración de la salsa, la sal también puede concentrarse en exceso. En el pilpil de pimientos, por suerte, esto no sucede.

A modo de receta anárquica (para dos buenos pastores):

– Unas 5 patatas hermosas.
– Un buen tazón de bacalao desmigado (¿300-400 gr?). Esta receta tiene la ventaja de que las patatas absorberán con gusto el exceso de sal del bacalao, así que no hay por qué desalarlo en exceso.
– 2 huevos.
– Un puñado de nueces.
– 4 dientes de ajo.
– Bastante aceite (tal vez ronde los 200 cc, puede que más). Además se echa un poco al final como decoración. Ole.
– Sal a discreción.

* Para el plato de repetir, que siempre se repite, se puede echar pimentón (el plato no le hace ascos al picante) o comino molido.
** Durante años he hecho una versión «express» de este plato: pure de patatas de sobre, lata de atún, pimentón de la Vera. Si tienes kettle se hace en un minuto de cronómetro. Es nuestro «signature dish» (que dirían los finos) cuando vamos de camping, monte o cicloturismo, ya que es facilísimo de hacer y transportar. Un día de estos haré un post de gastronomía campingista, para añorar con gusto el verano, ahora que llegan los meses más oscuros y fríos.

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Diagonal abajo

La vida continúa en Barcelona, Diagonal abajo, a toda velocidad, hacia el mar.

Yuhiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii por Barcelona con mi Sparta

En casa (en una de mis casas!!) tengo un horno con ventilador y estoy experimentando con éxito esto de la convección. Debajo a la izquierda, un pan de trigo con una pizca de espelta que ha salido especialmente ligero. Lo retardé en la nevera una noche, y luego estuvo 5 horas fermentando en su banneton al aire del otoño barcelonés. A la derecha, medio pan que hice con una harina francesa de cinco cereales (con avena y arroz, lo flipas). Este ha quedado abizcochado y dulce.

Pan de trigo y espelta, y de cinco cereales
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El norte de Francia en Barcelona – un amour de fromage

No había ni mal tiempo ni luz plomiza, pero sí las buenas cosas del norte…en Barcelona como si fuera en Francia.

Quesos Maroilles y Boulette d'Avesnes con achicoria

Todo venido desde Lille, en avión, por correo, en mano. Las buenas cosas de la vida.

El de la derecha es queso Maroilles y tiene un aroma bestial, aunque luego no es tan fiero. Es realmente delicioso, una mezcla entre el Pont-l’evêque y el Époisses; ni tan cremoso como el uno, ni tan fuerte como el otro.

El queso de la izquierda es otro queso del norte de Francia, media Boulette d’Avesnes al diente de león. Tiene menos olor que el Maroilles pero con más pegada…casi recuerda al queso picón de Tresviso, de los Picos de Europa, pero el diente de león le da un toque anisado muy curioso. Es el mejor queso que he probado este año.

Los panes no son míos, son de una panadería organicaguaydelparaguay de Barcelona (que aún tengo que visitar), Barcelona Reykjavik. El más blanco es de kamut, el más oscuro de espelta. Éste último no estaba nada malo, la verdad.

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¡Ya tenemos chino!

Aquí, en el centro de Barcelona.

Sopa Won Ton

Un chino de verdad, donde van los chinos a comer. De hecho ,la última vez que fuimos…¡éramos los únicos no orientales! Tienen pasta casera e inmensos boles de sopas con enjundia. Yo soy fanático de la sopa de won ton, y esta es sin duda la mejor que me he tomado en España (además de ser baratísima, ¡sólo 2,50€!).

El menú es inmenso y no tiene nada que ver con la pésima calidad y el sota-caballo-rey de la mayoría de los chinos habituales por aquí.Hay cosas riquísimas y otras que necesitarán un poco de tiempo, como los intestinos de cerdo crujientes (por no entrar en detalles de toda la casquería que tienen allí.

Intestino de cerdo crujiente

El año pasado me apunté a clases mandarín y recuerdo que, cada vez que salía de clase, tenía que ir a cenar chino. Era algo superior a mí, como si Confucio, Mao Tse Tung y todo el KouMinTang al completo me empujaran a ello. Pensé que, una vez lejos de Londres, eso no podría volver a pasar…pero parece que ya puedo retomar el mandarín con tranquilidad. Tai hao le!

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Llegar de madrugada…

…y encontrar algo casero bajo un paño de cocina.

Panellets caseros

De noche, la casa está tranquila, las visitas duermen y los panellets esperan en el plato de metal. Los panellets no son (como diría un inglés) mi «taza de té»…vamos, que me gustan «conceptualmente»; o sea, su idea, su visión, sus ingredientes. Pero después de la autopista y la noche son una bienvenida inmejorable.

Y comerlos en silencio en la mesa del salón.

Ha empezado noviembre y sigo en la carretera, de aquí para allá, con mis cosas repartidas en casas a orillas del Cantábrico y del Mediterráneo. Así que disfruto de estas sensaciones, compartidas, fugaces: llegar de madrugada y encontrar un plato de comida casera.

O compartir unas tostadas de hígado de bacalao ahumado mientras se fríen unas patatas en grasa de pato; la ventana abierta y barcelona entrando por encima de los tejados.

Hígado de bacalao ahumado

Viviendo en Barcelona como si estuviéramos en el norte de Francia.

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Las bandejas

Ultimamente ando de aquí para allá, cocinando muy poco, comiendo muy mal, y viajando mucho por la carretera, visitando los lugares del pasado.

Bandejas de Caja Laboral

Las bandejas del pasado, con la superficie llena de antañazos, digo arañazos, y raspones; ligeramente oxidadas en los bordes.

Estas bandejas separándonos del pasado. Me imagino que, cuando las vi por primera vez, mis ideas sobre la vida y las cosas eran diferentes. El mundo era más pequeño entonces; se dividía en Caja Laboral y Caja de Ahorros de Vizcaya. Ahora tiene más lugares: Barcelona, Altona, Hilversum, Fonolleres.

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Lugares de peregrinación allá

Pero no hay que irse lejos para encontrar lugares fascinantes, auténticas mecas.

Lugares como el portal de Santos, en Torrelavega.

Pastelería Santos en Torrelavega

Por lo que he podido ver, no es muy conocido que en Torrelavega se hace uno de los mejores hojaldres (el mejor de los que yo he probado). Y, de hecho, hay muchos sitios allí que lo hacen excepcional, hasta existe una cofradía del hojaldre que cuida de que así sea. Sin embargo, para mi hay un lugar mágico, especial…el portal de la pastelería Santos (hay otra pastelería Santos que no está dentro de un portal, la originaria, según creo).

Se trata de un lugar «inconspicuo» según diría un inglés; tan sólo la continua salida de clientes con paquetitos amarillos la delata. Después de entrar unos metros en el portal (un auténtico portal, de una casa, vamos) se desciende una escalera que, emborrachándote de aroma a mantequilla, te lleva a un templo del hojaldre, donde puedes ver como hacen las polkas , los almendrados, los lazos, las tartas de moka, ahí, delante de tus ojos. Hace poco han puesto una manpara entre el mostrador y el obrador, como en la canción de Kiko Veneno (que no nos deja olernos) y la cosa ha perdido, pero aún así estoy seguro de que es uno de los recuerdos que me llevaré al otro barrio. El portal de Santos.

Hay también en Torrelavega, el reino de la mantequilla, otro sitio escondido al final de un callejón, un pequeño despacho que sirve los sobaos favoritos de mi familia y amigos allá, Casa Carral.

Casa Carral en Torrelavega

Los sobaos de Casa Carral no son los que más mantequilla tienen (para eso ya están los de El Macho), pero son excepcionales en su sencillez y en lo suave de su masa. Un día, charlando con la dependienta, me enteré de que los de tamaño grande llevan más cantidad de mantequilla en la masa, para que sean más jugosos. El problema es que al tomarte dos de los grandes, sin darte cuenta, te has comido 6 de los normales. También venden unas galletas de mantequilla míticas y quesada. Un lugar de peregrinación, Casa Carral.

Lugares sencillos, cotidianos, inconspicuos; lugares de peregrinación.

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