He aquí algunos de los pasteles que se encuentran fácilmente en las pastelerías bilbaínas. Los presento como pequeña labor etnográfica y pequeño homenaje a la que es, de esto no cabe duda, la mayor, más bonita y mejor ciudad del mundo.
Según el orden de las fotografías: carolina, pastel de arroz, bollo de mantequilla, cristina, pastel ruso, relleno de Vergara, jesuita de cabello de ángel (si dejas el cursor sobre la imagen, te dice su nombre). Unos son terriblemente bilbaínos, otros menos, pero todos van fenomenal con café con leche y tarde lluviosa. Aunque las fotos están hechas en casa, no son algo que la gente se suela llevar a casa en bandejas; no son un lujo sino un pequeño placer cotidiano.







Hay otros pasteles, cada chimbo tiene su favorito, estos son los que más me gustan a mí. Es más, muchos de estos pasteles generan algunas de las grandes dudas que palpitan dentro del alma bilbaína: ¿por qué el pastel de arroz se llama así si no lleva arroz?; ¿de qué está relleno el bollo de mantequilla?; ¿por qué se llama carolina a la carolina y jesuita al jesuita? Los chimbos mas chirenes tienen las más curiosas respuestas y teorías para estas fundamentales cuestiones.
Para los que todavía no los han probado, he aquí una pequeña descripción telegráfica. La carolina está hecha de merengue denso, concentrado pintado de yema y chocolate; tiene una base rellena de una crema espesa con coco. El pastel de arroz no tiene arroz, la base de masa está rellena de una rica crema que me recuerda a algo entre el pastel vasco y la quesada. El bollo de mantequilla…¡ay!, el bollo de mantequilla (sin duda mi favorito). La cristina parece que está emparentada con el pa cremat del levante, y que es tradicional muy lejos de Bilbao; es un bollo de masa enriquecida coronado con un poco de yema dulce. El pastel ruso es a la vez crujiente y chicloso, pero sobre todo es decadente; el favorito de las abuelitas bilbaínas. El relleno de Vergara es algo sobrenatural, el bizcocho es esponjoso y firme, y la yema y el glaseado lo elevan a uno al paroxismo de los dulces (este no es bilbaíno, es de Vergara, claro, y hasta existe la «Cofradia del Relleno de Bergara«, pero en Bilbao nos llevamos bien con los barrios de la periferia). El jesuita es un triángulo de hojaldre cubierto con glasa real, lo he probado relleno de crema, este iba con cabello de ángel, riquísimo.

Un día me gustaría investigar el origen y tradición de estas joyas. Pero, claro, eso será cuando la BBK me subvencione y luego me lo publique en su fantástica colección «Temas vizcaínos».







Chucrut con bratwurst, crème fraîche y tkemali
Todas esas cosas.
El Tkemali es la cosa oscura en la esquina del plato (del plato redondo, qué paradójico). Es una salsa de Georgia, el país a orillas del Mar Negro, y está hecha con ciruelas. Me recuerda de algún modo al ketchup, pero no al ketchup dulzón industrial, sino al buen ketchup casero que he probado en el este de Europa, lleno de especias y sabor. Este de la imagen está comprado en tienda y aún así es espectacular, se lo quieres echar a todo, así que no quiero ni imaginarme cómo debe de saber el casero hecho con buenas ciruelas.
Qué sitio el Mar Negro…lleno de esos lugares: Odesa, Sebastopol, Constanza, Georgia. Todos esos sitios.