Diario de un aprendiz de panadero: rutinas

Ya estoy metido de lleno en las rutinas de la panadería. Cada día llego a las 8, me enfundo en mi traje panaderil y me pongo a mezclar harinas (otro día hablaré de las harinas). Por suerte, en cuanto a la ropa, hemos vuelto a la normalidad.

DAPVichy

Al llegar, todo está en su sitio. Justo antes de entrar el turno de noche, Carlos saca del horno el pan de maíz (conrbread), es picante, casi con olor a curry. Lo hace con una puntualidad británica, aunque él es de Sao Paulo. El pan se hornea en una gran sartén de hierro colado, es imposible sostenerlo con una sola mano.

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Todo está impregnado de una especie de sencilla cotidianidad. Los pequeños objetos están en su lugar; los pequeños gestos se repiten sin sobresalto.

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En los momentos de calma se asan pimientos y tomates para los bocadillos, se ralla «un poco» queso o algunos limones; los tomates cherry se asan con una capita de pimienta, quedan preciosos en el bocadillo de pollo.

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Según pasan las horas, salen las hogazas y panecillos del horno. Cada noche llego al trabajo y apunto en una hoja a qué hora sucede todo esto. Sin mirar el reloj, Andy repite los mismos gestos a las mismas horas. En esta foto, pincela con huevo los brioches antes de meterlos al horno (en segundo plano, unas focaccias reposando antes del horno).

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Para el pan, a pesar de todas las diferentes harinas, ingredientes y recetas que seguimos, sólo hay una sal y sólo hay un aceite. Es simple y bonito.

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La sal es Maldon y el aceite de oliva virgen es de Kalamata.

Es chocante esta sensación, ya que realmente este lugar está lleno hasta los topes de botecitos, cajas, tarros y botellas llenas de ingredientes de lo más variado. Cuando tengo un rato libre me gusta mirar en las estanterías del turno de día, es como un bazar infinito de sabores.

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Diario de un aprendiz de panadero: masas

La mejor parte de trabajar con pan es la masa, es el origen de todo: el alma del pan. Aquí trabajamos con varios tipos de masa y, aunque no hacemos una cantidad inmensa de pan, sí que manejamos diferentes ingredientes, grados de hidratación y texturas.

Pero todo empieza con la madre, el fermento natural que está detrás de muchos de los panes que hacemos.

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La madre viene de Bornholm, en una pequeña isla de Dinamarca; es un fermento natural centenario, pasado de generación en generación, que Dan Lepard trajo de allí. Él puso los cimientos de la panadería en Ottolenghi, no sólo ideó las recetas y las técnicas y adiestró a los panaderos, sino que trajo este trozo de vida, que da el pan que cada mañana sale en la furgoneta, cuando todavía duerme Londres.

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Esta madre es la responsable del sabor del sourdough; un sabor complejo, ligeramente agrio y con un toque a caramelo y regaliz (me gusta como Andy apila las grandes hogazas de más de 2 kg antes de cortarlas, lo hace así cada madrugada, de manera puntual y ceremoniosa).

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La masa madre es una substancia densa y pegajosa. Se guarda en un gran contenedor y al abrirlo tienes que tener cuidado, ya que los efluvios son tan potentes que si aspiraras fuerte, te desmayarías. Es como una bofetada de alcohol, ácido y otros compuestos; despierta a un muerto.

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Pero no sólo el sourdough lleva un buen fermento, todos los panes llevan algún tipo de prefermento, ya sea de levadura natural o elaborado con levadura comercial. Para el pan italiano, cuyo sabor me está ganando poco a poco, usamos una biga muy potente, cada noche al empezar a trabajar la sacamos de la cámara y está lista, en su contenedor, a punto de reventar el film transparente: es como una bestia enjaulada. La biga le da un toque ácido a este pan que complementa al dulzor de la harina. El resultado es un pan que aguanta varios días y que recuerda a un buen pan blanco de siempre, con miga suave pero con un sabor lleno de personalidad. La masa da gusto tocarla y verla sobre la madera, sobre todo al darle forma; está suave y ligera,

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A lo largo de la noche se suceden los momentos de mezclar y amasar estos panes, son instantes formidables, donde puedes oler, ver, tocar, incluso oír cómo se van desarrollando las masas (dependiendo de la masa, cuando la amasadora la va dejando lista, hace un ruido muy característico).

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Por desgracia, estos instantes son como una pequeña ensoñación, ya que en seguida tienes que ponerte a trabajar en el siguiente paso, y las tareas por hacer se acumulan rápidamente.

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Diario de un aprendiz de panadero: bocadillos

Hoy Gregorz, que suele estar al mando de los sándwiches, muffins y quiches, se ha cortado un poco en un dedo, así que al principio de la noche le he echado una mano con los sándwiches. Realmente el término inglés «sandwich» es algo engañoso para un español, se queda un poco corto; no sé que posición ocupan los bocadillos en las prioridades de Ottolenghi, pero a mí me parecen una buena carta de presentación; son artículos llenos de sabor y color.

Empiezan siempre con un buen pan, fresco, recién hecho la misma noche. Ya sea una masa ligera, tipo ciabatta, o la masa del pan italiano, dulce con su harina de trigo blando y su sémola, o incluso con los delicados brioches, llenos de mantequilla y con sus graciosas semillas de cilantro.

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Me encanta el bote de la mostaza, es de Le Parfait, de más de 2 kilos.

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Una vez que el pan ha tenido tiempo de enfriar y reposar, se corta y empiezan a desfilar los ingredientes uno tras otro, a cual más delicioso. Sin ser un sitio estrictamente vegetariano, se hace hincapié en las ventajas de comer menos carne, y en que los productos que elaboramos estén hechos con bien de verduras y productos frescos. Por ejemplo, el bocadillo vegetariano de estos días.

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Lleva pesto (que se elabora en grandes cantidades con aceite de oliva virgen, parmesano del bueno, albahaca fresca y demás), y después vienen pimientos asados, amarillos y rojos, berenjena asada, queso de cabra y un poco de rúcola para dar el toque final. Es esa aproximación a los sabores mediterráneos que tanto gusta a los británicos, una especie de «saturación por acumulación». Posiblemente en España el mismo bocadillo se hubiera hecho sólo con los pimientos rojos, el queso y un chorrito de aceite; la mitad de sabores. Pero aquí gustan los sabores contundentes, que cada mordisco sea una pequeña orgía. No obstante, hacen lo mismo con clásicos británicos, como el bocadillo de berros y huevo (egg & cress), que suele ser uno de los más sencillos y ligeros. Aquí la pasta está hecha con cebollino, mostaza y demás ingredientes (queda amarilla y brillante), después se añaden bien de berros y un poco de pepino fresco con pimienta, ¡todo ello metido en un brioche!

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En una esquina siempre hay una cesta con panes para el staff, cosillas que van sobrando, o alguna que no ha quedado perfecta. Me gusta, de vez en cuando, montarme mis versiones de estos cacho bocadillos, tomando un poco de esto y poco de aquello. Hoy, en otra esquina, he encontrado un objeto bello y maravilloso.

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Este es un lugar lleno de instrumentos y pequeños detalles que me encantan. También está lleno de música polaca y rusa: hay de todo, temas más o menos folclóricos, música de la de organillo electrónico como de bodorrio (que pone siempre Henrik) y luego la tecno, muy alta (pero mucho); esta noche sonaban diferentes versiones de esto y esto. Al pobre Andy el médico le ha prohibido el café, por la tensión, así que dice que la única manera de mantenerse bien despierto y atento es a base de tecno atronador. La verdad es que hay momentos en los que te acompaña mucho (como sobre las 3 y media, para ser precisos).

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Diario de un aprendiz de panadero: horno

Hoy hemos llegado a trabajar y había una novedad en los sacos de la ropa limpia, en vez de los pantalones a cuadros Vichy de otros días, habían llegado unos pantalones con grandes cuadros negros y blancos que nos hacían parecer payasos enharinados, ha habido cachondeo toda la noche al respecto. En la foto salgo retratado con Andy.

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Poco a poco voy cogiendo el ritmo de las cosas; las fermentaciones, los reposos, los horneados; y poco a poco encuentro rincones que me agradan de manera especial. Por supuesto, el lugar de honor lo tiene el horno*. Tenemos varios hornos, el principal es uno de 5 pisos, con todas las cosas con las que sueña un panadero casero. Tiene botoncitos de colores y cada piso lleva una alarma diferente, cuando estás haciendo varias hornadas simultáneas y llega el momento de sacar los panes, empieza un pitido polifónico, como si fuera un órgano de iglesia. Cada piso tiene también una solera de piedra (con la que es relativamente fácil quemarse).

DAPSolera

Creo que la pieza que más me gusta es la palanca que abre la válvula de ventilación. La dejas metida y está cerrada, la sacas y se abre. Esto es muy útil para manejar tanto la temperatura como la humedad. Me recuerda a los mandos de un acorazado, o mejor; de un submarino.

DAPVents

El horno también tiene algo con lo que he soñado muchas veces, inyectores de vapor, como este de aquí debajo. Bello.

DAPSteamValve

Cuando lo accionas sale un chorro de vapor que facilita la expansión del pan en el horno y crea cortezas de campeonato (en la foto inferior derecha); también lo puedes usar para variar la temperatura, tiene hasta 9 programas. Al inicio de una hornada, cuando inyectas vapor, hay un «psss» muy sonoro, y en seguida se pone el horno a preparar más vapor, de manera aún más sonora si cabe. Si abrieras la puerta del horno en ese momento, es más que probable que acabaras quemándote. Una vez que el vapor ha hecho su función es cuando accionas la palanca de ventilación, para dejarlo escapar y conseguir que la corteza quede perfecta.

Pero, curiosamente, lo que más me gusta del horno es el momento de la limpieza. Con cada hornada se cuelan en el horno todo tipo de partículas, desde semillas de los panes, a sémola de arroz o trozos de papel parafinado; así que hay que estar constantemente limpiándolo con una larga escoba de madera. Hay algo muy especial en el hecho de limpiar cada recoveco del horno sin dejar nada detrás, una especie de relación íntima con ese mastodonte de acero; acariciar con las cerdas de la escoba la solera de piedra, mimándolo. Me gusta dejarlo bien limpio después de cada pan, y brillante al final de la noche.

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Hoy ha sido un día tranquilo, hemos tenido tiempo para hacer un par de cientos de scones, y había en una esquina unos grisines que nos han acompañado toda la noche, tenían pimienta, chile y sal.

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* Posiblemente el premio a la máquina más aburrida se lo lleve la fermentadora, un gran armario que abres y no parece que esté haciendo nada, no notas grandes cambios de temperatura ni nada en especial.

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Injera en Candy Café

Como no tengo acceso a Internet en mi casa londinense, vengo todos los días al Café Candy, una cafetería sencilla aquí al lado, tiene en el mostrador una serie de dulces y tartas sin más interés ni pretensiones, algún croissant blandurrio y unos tristes muffins.

Me gusta venir aquí y pedirme una taza de té mientras me pongo al día. Al cabo de un par de días, me di cuenta de que siempre soy el único blanco, el local es regentado y visitado casi exclusivamente por etíopes, con sus finas y arqueadas cejas (siempre me ha parecido que los etíopes tienen un porte muy distinguido, aristocrático). La sorpresa llegó cuando, al llegar un grupo de amigos, empezaron a sacar bandejas de injera con wot, cuando en ningún lugar del local anuncian su venta. Desde entonces el lugar ha cambiado para mí, lo veo como un pequeño rincón etíope, y casi cada hora viene algún grupillo a por una bandeja de injera. Así que hoy he venido con mi portátil, como cada día, dispuesto a disfrutar de un trocito de África.

Injera

La injera viene en una gran bandeja metálica (no sé por qué, pero en la foto parece pequeña; es inmensa), sin más, ya que es tanto la comida como el plato y la cuchara, y sobre ella se vierte, en el momento de servirla a la mesa, el guisillo correspondiente. Hoy he me han puesto este de la foto, wot de cordero con verduras, otros días he visto servir queso fresco y verduras. La injera es bastante amarga, la había tomado una vez en Barcelona, pero esta es mucho más recia, amarga y marrón (en la foto sale más clara de lo que es), me han dicho que no se hace sólo con teff, sino que aquí usan una mezcla de trigo y teff. El guiso es de cordero, muy especiado y bastante picante, al principio notas un poco el laurel, pero hay un olor de especias muy compacto, recuerda lejanamente al incienso de las iglesias. La torta de injera sólo se cocina por un lado, así que el lado sobre el que cae la salsa está lleno de burbujas que absorben todo el líquido, haciendo que los últimos trozos que comes sean los más sabrosos. Al igual que el cuscús, las migas o muchos otros platos comidos directamente de la cazuela, es algo más que mera alimentación, es todo un ritual social.

La injera me ha despertado siempre muchísima curiosidad, desde que leí una entrevista al gran atleta Gebreselassie, en la que decía que era su comida favorita, y después cuando leí que es uno de esos panes supervivientes de otra época, en la que la saliva del cocinero se usaba como agente fermentador.

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Diario de un aprendiz de panadero: olores

Es curioso, realmente no es el olor a pan lo que más me llama la atención de trabajar aquí, al menos no el «olor a pan» que suele venir a la cabeza; ese olor a corteza dorada y cereal tostado.

Por el contrario, son otros olores los que llenan las noches. En cuanto al pan, es sobre todo el olor de los fermentos lo que más me gusta, la masa madre de centeno es una criatura con un olor sencillamente celestial; y también el de las masas frescas, antes de pesarlas y darles forma; un olor limpio, puro como una sábana blanca; incluso el olor mate y maderoso de las harinas. Pero al principio de la noche, nada más entrar a trabajar, lo que notas es la granola. La hacen muy buena (y eso que yo no soy muy de granola); es una mezcla de cereales y nueces varias que puedes tomar con leche o yogur, o sin más, de lo rica que está.

DAPGranolaBags

La granola se tuesta lentamente en grandes bandejas, hasta que empieza a soltar su aroma y la avena está crujiente y caramelizada. Pero, por si fuera poca la cantidad de nueces que lleva acompañando al cereal, además tiene (entre otras cosas) sirope de arce, con lo cual todo el edificio se llena de ese aroma entre malta y caramelo. Y ya es difícil que un aroma se imponga aquí, porque el turno de mañana no para de hacer hojaldre, tartas, pastas, galletas y demás objetos aromáticos llenos de mantequilla, azúcar, especias y fruta.

DAPCafePolaco
Al poco de entrar, al comienzo de la noche, siempre pasa alguien ofreciendo una ronda de café; café centroeuropeo. Vamos, que nunca he estado en Polonia, pero he compartido trabajo con polacos, checos y eslovacos, y he observado que toman el café de manera similar, parecido al modo turco (con los posos de café en el vaso), pero hecho con café molido para máquina y en taza grande. No lo tomaba así desde que visité Checoslovaquia, y realmente me encanta, además de los buenos recuerdos que me trae; incluso cuando se te llena la boca de posos, y sabes que es el momento de dejar de sorber. El resto de la noche tomo té con leche y sin azúcar, para escándalo de mis compañeros (por lo chocantes que les parecen ambas cosas).

Este es un sitio peligroso si tienes buen olfato; del horno emergen aromáticas las focaccias, de romero, de cebolla y parmesano, de perejil y olivas, incluso una dulce de uvas aromatizada con semillas de hinojo y  con un brillante glaseado (en la foto inferior).

DAPFocacciaParsleyDAPFocacciaGrape
Antes y después del horno son tan bonitas que podrías empapelar tu cuarto con ellas. La masa es bastante ligera y elástica; cuando alguna vez sobra un trozo, la estiramos y le ponemos cualquier cosa encima para una pizza brutal. Los hornos están siempre encendidos, es maravilloso.

Un sabor cotidiano que me ha sorprendido especialmente es el del ketchup; aquí también hacen su propio ketchup, una pasta oscura y llenísima de especias, al estilo de los grandes ketchup del Este de Europa. El ketchup lo venden en unas botellitas deliciosas, como petacas, y siempre hay por aquí una para que el staff sazone su comida. En mitad de la noche, sentado sobre una mesa de acero inoxidable, comiendo fugazmente alguna cosa, con un poco de esta substancia aromática.

DAPKetchupStaff
Menos mal que trabajamos con casacas y pantalones que se mandan a la tintorería cada día, ¡porque si trabajase con mi propia ropa, seguro que no habría manera de quitar todos estos olores!

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Diario de un aprendiz de panadero: la calidad de los ingredientes

Desde que llegué aquí me he dado cuenta de que no se andan con chiquitas; todo tiene que ser perfecto. Si algo no cumple con las altísimas expectativas, no vale. Esto es así tanto para los ingredientes como para el producto final. He trabajado en restaurantes, hoteles y demás, y nunca había visto el compromiso con la perfección que me he encontrado aquí. No hay atajos, no hay mentirijillas, no hay productos que no son lo que tendrían que ser en un mundo ideal.

Por ejemplo, el otro día había que hacer las migas que coronan uno de los muffins que hacemos, el de zanahoria, que lleva unas migas con varias semillas (una sensación increíble hincarle el diente).

DAPCarrotMuffin

Pues todo empieza con una mantequilla francesa especial de pastelería con denominación de origen Charentes.

DAPLescures

Todo es así, no hay concentrados, saborizantes ni sucedáneos. Todo se elabora con los mejores ingredientes y con tiempo. Hablando de muffins, todos los que hacen son sabrosísimos y llenos de cosas ricas. Los de arándanos tienen arándanos frescos, nada de congelados ni imitaciones; y tienen muchos, muchos. Vienen cada día redonditos, perfectos, delicadamente colocados en bandejas, y da gusto verlos después dentro de la masa del muffin, llenos de sabor.

DAPBlueberryMuffin

Para los de mango y fruta de la pasión (en segundo plano, a la izquierda), se usan mangos frescos, maduros, y se pelan y cortan justo antes de incorporarlos a la masa; el turno de día se encarga de hacer un purecito con la fruta de la pasión.

Con los panes pasa lo mismo, las harinas son de una calidad que llama la atención. Vienen en grandes sacos, pero para trabajar con más comodidad se ponen en unos contenedores grandísimos; hay una de espelta en la que uno se tiaría a bucear. Es marrón, sedosa. Se usan tanto harinas británicas como de ultramar. Para el pan italiano, por ejemplo, se usa una harina italiana como dulzona, suave, crea una miga esponjosa y una corteza preciosa.

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Otro día hablaré de los sabores aquí. La verdad es que los olores y los sabores son un continuo estímulo, igual que la música tecno polaca* y rusa que suena durante toda la noche (estoy haciendo un master que complementa la licenciatura en tecno ruso que hice durante el viaje a Georgia en vacaciones).

*De vez en cuando, suena alguna canción más tranquila, como Lornetka («prismáticos» en polaco), la historia de un hombre que se pasa las noches observando a Bernadette con sus prismáticos, y durante el día no puede trabajar, del cansancio, hasta que lo acaban echando.

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