Los robles de Rumanía

Encontrar una hoja de roble en los pepinillos fermentados rumanos.

RobleRumania

Cuando fermentas pepinillos, para que queden crujientes es tradicionar añadir a la salmuera unas hojas de parra o de roble. No es extraño encontrar hojas de roble incluso en botes de pepinillos fermentados comprados en tienda.

Encontrar una hoja verde de roble en pleno invierno evoca las sensaciones de los primeros hombres que fermentaron para conservar; detener el envejecimiento de los frutos, hojas y raíces para poder disfrutar de la abundancia de la cosecha durante los meses en que la tierra no ofrece demasiado.

Los pepinillos crujientes (estos además picaban) venidos desde Rumanía. Me pregunto si esta hoja es de un roble rumano. ¿Cómo las recogerán para llevarlas a la fábrica de conservas? ¿Cómo calcularán cuántas hojas de roble necesitan? ¿Habrá hecho alguien un cálculo de las hojas que hay por rama de roble y las hojas que meten en cada bote de pepinillos? Dos o tres hojas en el bote grande, una o dos en el bote pequeño; la producción de botes de pepinillos de la fábrica dividida por la cantidad de ramas de roble rumano y su expresión en número de hojas, menos las hojas que naturalmente se echen a perder durante el transporte y manipulación.

Los conductores de camión que transportan hojas verdes de roble en Rumanía, atravesando el país.

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4 respuestas a “Los robles de Rumanía”

  1. epa! dice:

    Qué casualidad, Ibán, hace poco también compré pepinillos con hoja de roble, puede que en la misma tienda que tú. :) Había tanta variedad que dudé, pero lo de la hoja de roble me llamó tanto la atención…
    No había pensado así en lo de las hojas, pero sí me pareció curioso que de un mismo árbol, del que ya no se suele aprovechar el fruto, se usaran tantas partes y para cosas tan diferentes: la madera para muebles y para el vino (yo empecé a diferenciar el sabor de las barricas en el vino al trabajar con madera de roble, se nota mucho al cortarlo); las hojas para los pepinillos, y hasta de una plaga, la agalla, se saca una tinta excelente… aunque lo que realmente despierta mi curiosidad es cómo se les ocurrió poner hojas de roble a unos pepinillos por primera vez.
    Aún tengo el bote de los pepinillos, se ha quedado para bote de sal, y aunque está muy bien lavado conserva parte del olor del aliño que traía.

  2. Detrás de la casa de mi padre hay un carballo (roble) precioso. Si las queréis para vuestros encurtidos caseros os mando un paquetito de hojas cuando haya, que ahora están todas alfombrando el suelo. No existe una alfombra más bonita :)

  3. Paco dice:

    Tengo la convicción de que, aunque estemos tan atentos a las sorpresas de la novísima cocina de este inicio de siglo -por mor quizá de un cierto snobismo- cambiar los hábitos alimenticios del paisanaje es una tarea complicada. ¿Quien puede estar mucho tiempo lejos de su entorno habitual y no echa de menos la cocina de su casa? Su pan, su aceite, su…
    He tenido oportunidad de convivir en estas últimas semanas con una norteamericana y dos rumanos Una es incapaz siquiera de admitir el olor del pescado y los otros ven como una aberración una tortilla de patatas con cebolla. Imposible. ¿Cuestión de cultura gastronómica? ¿Manías?
    Por eso, todas estas tentaciones que muestra ponen a prueba al más pintado de los comensales, sea de donde fuere.
    Son estímulos infrecuentes, abiertos, diáfanos Yo me apunto a probarlo todo. Salud.

  4. […] vida fermentada. La felicidad sencilla y plena del tiempo y las bacterias. La felicidad de los botes de cristal y las burbujas. Esta entrada fue publicada en Verde, Vida fermentada. Ir al permalink. Publicar un […]

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