Con bayas de enebro. Hacía tiempo que un invento “fortuito” no me gustaba tanto.

Las sopas de chucrut son tradicionales en muchos sitios, desde Europa central y del Este hasta la remota Asia. Normalmente son sutanciosas e invernales; hechas con carnes, embutidos y enjundia. Yo, como no tenía nada por casa para hacer un buen fondo, simplemente le puse agua, chucrut casero, manzana, mucho cilantro fresco y unas bayas de enebro.
La gama de sabores del chucrut casero es tan increíble que el caldo quedó sabroso y complejo, profundo: desde el propio sabor de la col, al ácido y ligeramente ágrio de la fermentación con un dulzor vegetal de fondo, y todo combinado con el frescor del cilantro recién picado.













Labne de kéfir en aceite con especias
Después del labne de urgencia que hice para el curso de panes planos, ahora me entretengo haciéndolo con un poco más de cariño.
En vez de yogur comercial, usé kéfir casero, con todo su sabor, lo dejé escurrir hasta que perdió más de 2/3 de su agua (me salieron 125 g de kéfir y más de 500 g de suero); y, una vez que tenía la consistencia adecuada, hice bolitas que he sumergido en aceite con especias.
El sabor del labne de kéfir es increíble. Sabe como si, en vez de leche de vaca del supermercado (usé leche fresca), me hubiera traído una cabra de Jordania y la tuviese en el patio, ordeñándola cada día.