Un pan en mitad de la Ruta de la Seda: plano, dulzón, con un color dorado precioso, corteza fina, el aroma del sésamo y la nigella, y una miga suave.


Un pan iraní que comíamos en Londres. Aún recuerdo cuando lo comprábamos los domingos por la mañana, en la panadería del Turkish Food Center de Dalston; salía en grandes carros, aún caliente y con su aroma dulzón. Listo para un poco de labne, zaatar o lo que hubiera. Me gustaría tener un horno largo para poder hacerlo en sus proporciones originales, como una gran lengua de semillas.











Labne casero y panes planos
Me apetecía servir un poco de labne con zaatar en el curso de panes planos; después de buscarlo infructuosamente, lo hice en casa escurriendo yogur. Como no tenía mucho tiempo, partí de yogur griego, que ya está más concentrado. En menos de 24 horas la textura era muy buena, con un poquito de sal, y a disfrutar; con el pan iraní, unas pitas, o un poco de ensalada con pepino y cilantro.
Panes planos de los que se cortan con las manos. Pita de miga, tan rápida de hacer como de comer. Un knackerbröd brutal que se empieza a elaborar diluyendo masa madre de centeno en leche y miel; el resultado es antológico. Para no dejar de untar, pan de inspiración marroquí, un khobs (jobs) con un tercio de sémola de trigo duro y un toque de aceite de oliva; tierno y suave.
Tras el taller, los restos de labne y zaatar con unas aceitunas marroquís.
Los momentos fugaces.